Artículo

 

México frente a la crisis económica y la amenaza de la Segunda Guerra Mundial: la controversia racial y de ciudadanía (1930-1942)

 

Mexico face the economic crisis and the threat of World War II: the racial controversy and citizenship (1930-1942)

 

M.C. Manuel Alejandro Hernández Ponce1

 

1 Universidad Autónoma de Sinaloa, Facultad de Historia, estudiante del Doctorado en Historia.

 

Correo: malejandro93@hotmail.com

 

 

Resumen:

 

La política diplomática y migratoria mexicana  a finales del siglo XIX y principios del siglo XX, se caracterizó por fomentar el respeto y colaboración entre naciones, velar por las garantías y derechos de las personas, así como respetar la vida e intereses de los extranjeros que llegaban al territorio nacional.

Sin embargo, para  la primera mitad del siglo XX la política migratoria del gobierno mexicano se transformó de acuerdo  al cambiante contexto internacional, en el que fue de mayor prioridad resguardar los intereses económicos y políticos nacionales, que mantener una imagen internacional de amistad y protección a los exiliados internacionales.

Este artículo se desarrolla en torno a dos hechos históricos que determinaron ampliamente en las políticas migratoria,  diplomática y de integración social en México: la crisis económica internacional de 1929 y el estallido de la Segunda Guerra Mundial en 1939. 

 

Palabras clave: política diplomática, política migratoria, xenofilia, xenofobia, interés racial.

 

 

Abstract:

 

The Mexican diplomat and immigration policy in the late nineteenth century and early twentieth century was characterized by fostering respect and cooperation among nations, ensuring the guarantees and rights of the people, and respect the lives and interests of foreigners who came to the national territory.

However, for the first half of the twentieth century the Mexican government's immigration policy was transformed according to the changing international context , which was the highest priority to safeguard the national economic and political interests that maintain an international image of friendship and protection international exile This article develops around two historical facts that determined largely on immigration, diplomatic and social integration policies in Mexico: the international economic crisis of 1929 and the outbreak of World War II in 1939.

 

Key words: diplomatic policy, immigration policy, xenofilia, xenophobia, racial interest.

 

 

Recepción: 21 de julio de 2014.

Dictamen 1: 24 de septiembre de 2014.

Dictamen 2: 13 de octubre de 2014.

 

 

México frente a la crisis económica y la amenaza de la Segunda Guerra Mundial: la controversia racial y de ciudadanía (1930-1942)

 

 

Durante los años revolucionarios, la política social, económica y migratoria atendieron con interés la búsqueda del reconocimiento y legitimación internacional, particularmente de los Estados Unidos. Específicamente, la política internacional mexicana se asentó en el discurso por “la defensa de una soberanía nacional amenazada &#91que&#93 soportó, desde un primer momento, la más firme imagen de que la revolución quedó instalada en Latinoamérica” (Pablo Yankelevich, 2003:15). Aunque es claro que en la práctica el gobierno mexicano estuvo dispuesto a dialogar y negociar “el nacionalismo” frente a los intereses de las potencias extranjeras. 

En el caso de la política migratoria, el posicionamiento del gobierno mexicano fue claro, el artículo 33º[1] de la constitución mexicana contempló para los extranjeros “la misma protección y derechos individuales garantizados a los nacionales mexicanos, con la excepción de que dichos extranjeros no participen en asuntos internos de México” (Romeo G. Domínguez, 1952: 67). No obstante, en la política internacional revolucionaria, el trato hacía los extranjeros y la política migratoria se vieron eclipsados por las controversias que generó el artículo 27º y las demandas de indemnización extranjeras que se manifestaron como consecuencia de los daños sufridos durante la lucha armada.

El discurso oficial y las prácticas gubernamentales respecto a los intereses extranjeros, fueron objeto de negociaciones, la mayoría resultaron en adecuaciones que facilitaron el restablecimiento de relaciones, pero no del reconocimiento oficial. Fue hasta el periodo presidencial de Álvaro Obregón, que el gobierno mexicano estuvo dispuesto a negociar inclusive los postulados constitucionales, con el fin de lograr de una vez por todas el reconocimiento internacional.[2]

Después de los tratados de Bucareli (1923) fue posible para el gobierno mexicano conseguir la legitimación internacional mediante el reconocimiento de los Estados Unidos. Desde entonces, el gobierno mexicano se caracterizó por ser un “firme promotor de las iniciativas que establecieron y regularon la práctica de otorgar protección a personas perseguidas por motivos políticos” (Yankelevich, Pablo, 2002: 11). Además como política internacional, se impulsó el respeto a la autonomía de las naciones y la no intervención de los Estados Unidos en asuntos internos de Latinoamérica.[3]

La cambiante postura de la política internacional mexicana ante el escenario mundial de crisis económica y convulsión política, serán los ejes sobre los que se desarrolla esta investigación. Pero antes de atender al conjunto de elementos concretos que construyen esta temática, es necesario referir al posicionamiento teórico desde el que será abordado. Específicamente, de entre los múltiples enfoques para el estudio de la política exterior de México, el  realismo es el soporte teórico sobre el que se tejerá el entramado analítico de este trabajo.[4]

El realismo considera al Estado como “un actor unificado que se comporta racionalmente &#91…&#93 desde un análisis de costo-beneficio” (Arturo Borja Tamayo, 1997: 27). Es decir, que como un sujeto homogeneo, que analiza sus opciones y horizontes de espectativas, por lo que su relación frente a otro Estado resulta de la racionalización de sus intereses. Desde esta perspectiva, el estudio de las relaciones internacionales privilegia el análisis de lo ocurrido en la esfera de la alta política;[5] pues es ahí de donde emanan las desiciones que determinan la política internacional de un Estado, mientras que lo económico y los grupos de interés son parte complementaria, insertos en la llamada baja política.[6] Para el caso de este trabajo, se ha detectado que la alta política, es el elemento clave para explicar el cambiante posicionamiento internacional de la política migratoria mexicana.

El Estado mexicano será considerado como un actor que se desenvolvió en el coro internacional de naciones de acuerdo a intereses homogéneos, mientras que cualquier manifestación en torno a la política exterior mexicana proveniente de la baja política, quedó eclipsada por las determinaciones generadas al interior del Palacio Nacional.

En consecuencia, aunque las controversias respecto a la migración y presencia extranjera durante el periodo de 1930 a 1942 fueron puestas a discusión ante la opinión pública, los posicionamientos que de ello emanaron, no se vieron plasmados a corto plazo en la política exterior mexicana.   

Para explicar la particularidad histórica del planteamiento político internacional mexicano, es necesario “anidar dichas representaciones a las coyunturas y, más radicalmente, ubicar la indeterminación en su propio seno” (Daniela Slipak, 2012: 65). Por lo tanto, es necesario considerar el desenvolvimiento de la política diplomática nacional en interacción con las especificidades del medio en que se desarrollaron y no con un ideal de cómo debieron ser.  Para referirse a las políticas exteriores de un Estado es indispensable considerarlas en el marco de una política internacional específica, históricamente determinada. Ello es la única alternativa que tienen los Estados para afrontar  la anarquía natural del ámbito internacional.[7] 

Por tanto, la política exterior migratoria mexicana será abordada como un conjunto de medidas emanadas por el Estado, que fueron adaptadas al cambiante contexto internacional, y no como una estructura monolítica que se enfrentó y resistió a la coyuntura histórica.  El respeto y trato igualitario entre naciones fue un elemento permanente en la política internacional del gobierno mexicano; sin embargo, al depender de los intereses de la alta política -particularmente de la presidencia de la república-  en momentos pareció delegarse más al plano discursivo que a una práctica de Estado.

La crisis internacional de 1929 originada en los Estados Unidos y el ascenso de regímenes totalitarios en Europa[8] fueron dos acontecimientos que impulsaron un cambio profundo en la política mexicana, particularmente en el campo de migración. El 27 de abril de 1934 la Secretaría de Gobernación[9] instruyó mediante una circular confidencial a todos los encargados de aduanas y pasos fronterizos para que averiguaran las intenciones políticas, económicas y sociales de extranjeros de raza negra, amarilla, malaya e hindú;  se instruyó que des ser posible, evitar su internación en el país.[10]

La prohibición se debía aplicar sin restricciones, salvo que se demostrara fueran artistas, deportistas o miembros de servidumbre al servicio de algún notable extranjero. Pero al parecer, las restricciones raciales resultaron de poca utilidad[11] por lo que semanas después, la Secretaría de Gobernación instruyó para que las medidas antes referidas serían aplicadas específicamente a “polacos, lituanos, checos, letones, búlgaros, rumanos, persas, yugoslavos, griegos, albaneses, afganos, abisinios, argelinos, egipcios y marroquíes”.[12] Se explicó a los encargados de las aduanas y puertos de entrada que se debía estar atento con los extranjeros provenientes de las nacionalidades aludidas, pues sí se les había prohibido el ingreso al país, ello era resultado de su “mezcla de sangre, índice de cultura, hábitos, costumbres, que los hacen ser exóticos para nuestra psicología”.[13]

De esta manera, el Estado mexicano de manera unilateral estableció una marca de  “indeseable” frente a grupos de nacionales extranjeros determinados; para los encargados de la Secretaría de Gobernación, los albanos, afganos, abisinios, egipcios, marroquíes y rumanos  debían considerarse “exóticos” por  sus costumbres y  actividades religiosas alejadas de lo conocido en México; por tanto, debía evitarse a toda costa su presencia para evitar que sus prácticas resultaran “perturbadoras a la idiosincrasia nacional”.[14]

Pero además de cuestiones culturales y religiosas, esta postura restrictiva fue permeada por el rechazo al sistema político socialista. En este mismo comunicado          –confidencial- se declaró que debía restringirse la entrada a los nacionales de las Repúblicas Soviéticas; además de que por razones políticas a los que se detectaran en el país, debían expulsarse, no importando su calidad migratoria pues: “el espíritu político de estos individuos podría infectar a la población mexicana adaptada al modelo democrático, el cual estaba en consolidación”.[15]

La  confidencialidad de estas medidas ordenadas desde la Secretaría de Gobernación, alude a la preocupación estatal por mantener ante la opinión pública nacional e internacional la imagen de un país amistoso, garante de los derechos de los extranjeros y perseguidos políticos, así como tutor de la soberanía de las naciones.

 

La política migratoria mexicana frente al ascenso de los totalitarismos europeos.

 

Uno de los movimientos humanos más significativos de la primera mitad del siglo XX es la diáspora judía. Se trató de una emigración a escala global que resultó de dos coyunturas internacionales claves: la crisis mundial del periodo de entreguerras, y la ascensión del Partido Nacional Socialista al poder en Alemania.[16]

Pero su migración fue percibida de manera diferenciada alrededor del mundo, en México específicamente, se calificó como “indeseable”. Al igual que en los casos antes descritos, se consideró que sus prácticas religiosas estrictas, su competitividad comercial y su tendencia endogámica no eran benéficas ni aportaban a la modernización nacional; es por ello que ante su posible internación al territorio se ordenó:

Atacar el problema creado con la inmigración Judía, que más que ninguna otra, por sus características psicológicas y morales, por la clase de actividades a que se dedica y procedimientos que sigue en los negocios de índole comercial que invariablemente emprende, resulta indeseable; y en consecuencia no podrán inmigrar al País &#91…&#93 individuos de Raza Semítica.[17]

Esta prohibición, aunque fue rigurosa, exentaba su aplicación para aquellos que a consideración de la Secretaría de Gobernación eran provechosos para la política internacional mexicana, no por sus actividades, sino por su ciudadanía. Algunos judíos que pretendían entrar al país, eran de nacionalidad estadounidense, por lo que a pesar de sus prácticas  no podían ser detenidos en las fronteras nacionales, hacerlo significaría atentar contra las relaciones de amistad y cooperación que con tanto esfuerzo se habían construido desde el obregonismo.

Por ello se ordenó a los encargados de migración que se hiciera una exepción de esta medida en el caso de judíos norteamericanos pues:

 

…por razones de reciprocidad y vecindad, nuestros Cónsules podrán documentarlos como turistas  bajo su más estricta responsabilidad y esa Oficina podrá admitirlos, sin previa consulta a este Ministerio y aún sin garantía de repatriación, también bajo su más estricta responsabilidad y cuidado.[18]

 

Aunque el caso de los judíos estadounidenses fue excepcional, estos debían de cumplir con ciertos requisitos para poder entrar al país. Específicamente se solicitó que cada judío trajera consigo una carta por parte de algún consulado estadounidense en México, en el que se responsabilizaba por las actividades que este individuo realizara en el país, además de que en caso necesario se garantizaban los costos de su repatriación.[19] Es entonces que el interés diplomático nacional fue puesto por encima de las restricciones sustentadas en lo “indeseable” de sus prácticas;  ello nos habla de las adaptaciones a las que se vio sujeta la política migratoria internacional mexicana desde los primeros años de la década de 1930.

Pero el cumplimiento de estas restricciones fue todo un reto para los agentes de migración de México. Entre los obstáculos a los que se enfrentó la política restrictiva nacional, destaca el proceso de identificación de los extranjeros que podrían o no entrar al país. La política migratoria del Estado mexicano era clara, y como tal debía replicarse en las garitas y puertos de entrada nacionales; no podía ser cuestionada ni adaptada a especificidades, debía cumplirse a cabalidad. Pero en la práctica, no fue posible sustraer la subjetividad de los delegados gubernamentales en el proceso de identificación de los extranjeros deseables e indeseables.

El cumplimiento de las medidas restrictivas fue un proceso complejo, pues las barreras idiomáticas y en algunos casos la falta de documentación que avalara la nacionalidad de los migrantes, dejaban a la subjetividad del agente migratorio el calificar si era conveniente  la internación de una buena cantidad de extranjeros al país.

Es importante señalar que estas medidas restrictivas estuvieron vigentes no solo durante los últimos meses del gobierno de Abelardo L. Rodríguez, sino que se mantuvieron hasta el final de la Segunda Guerra Mundial, abarcando los dos siguientes periodos presidenciales.

No obstante, pese a la rigurosidad de las medidas restrictivas, se han encontrado registros de ingreso al país de judíos no norteamericanos durante estos años. Analizando las condiciones de su migración y tomando en cuenta las dificultades de identificación de las que se ha aludido, se ha podido detectar que estos extranjeros aprovecharon ciertos escollos legales que les permitieron entrar al país. De hecho, más que complicados artificios o argucias, estos pudieron entrar al país legalmente omitiendo cierta información al momento de llenar su hoja de registro en las fronteras nacionales.

Se tiene noticia de algunos judíos que provenían de naciones con las que el gobierno mexicano mantenía relaciones de colaboración y respeto omitieron o negaron su origen judío. Algunos ejemplos de estos casos se han encontrado en registros estatales sobre la presencia extranjera, para ejemplificar esto se aludirá al caso de Jalisco que en el periodo de 1932 a 1950 no se tuvo registro de la presencia de algún judío, israelita o hebreo a la entidad; no obstante, al hacer un seguimiento detenido a los censos de extranjeros han sido detectados casos excepcionales.

Un ejemplo claro es el de el lituano Marcos Heijt Keili, quien en 1940 entró al país manifestando en su registro migratorio ser protestante, por lo que al pertenecer a una nación con la que no se tenía restricción migratoria o diplomática alguna se autorizó su inserción. Pero años después, en 1954, al renovar su registro migratorio ante las autoridades del municipio de Guadalajara, manifestó ser practicante del judaísmo desde su nacimiento y ser de nacionalidad alemán.

Pero para la década de 1950, los judíos ya no fueron calificados como indeseables para el Estado mexicano, y los alemanes dejaron de ser vigilados en sus actividades, por lo que el cambiar este dato en hoja de estatus migratorio al parecer no trajo consecuencia alguna, ni puso en peligro su estadía en el país pues fue renovado su registro.[20]

Desde un polo completamente distinto, otro caso de extranjeros que durante este mismo periodo buscaron internarse en el país con el fin de encontrar un refugio ante un régimen totalitario europeo fue el de los españoles. Esta migración es uno de los casos más aludidos en la historiografía nacional, particularmente porque reflejó el compromiso del cardenismo ante la defensa de los perseguidos políticos, el rechazo a los regímenes totalitarios europeos y el derecho de las naciones a autodeterminar su política migratoria, más allá de las presiones de las principales potencia internacionales.[21] 

El exilio Republicano fue uno de los movimientos migratorios que más impactaron a corto y mediano plazo en el desarrollo cultural y académico mexicano durante la primera mitad del siglo XX.  Fue una llegada masiva de peninsulares que se destacó por no articularse mediante redes de parentesco, sino que resultó de una verdadera planeación y acción concertada entre el gobierno Republicano y el Estado mexicano.

Es entonces que quienes llegaron al territorio nacional no fueron actores que buscaban mejorar sus condiciones materiales de vida; se trató de individuos de clase media-alta que fueron empujados por la guerra civil a huir de su país. Es entonces que la expatriación ibérica “se desgajó de los sectores más ilustrados, en términos de conocimiento, y más modernos desde la perspectiva económico-social” (Dolores Pla Bugat, 1999 :367).

El gobierno de Lázaro Cárdenas, contrario al de sus antecesores, si consideró como prioritario plantear una postura clara y no confidencial ante la migración de extranjeros en México. Definió las bases de la diplomacia internacional mexicana al manifestar su oposición al nazismo, pues sus posturas radicales se oponían al pensamiento de izquierda. En términos  numéricos,  la llegada de españoles no significó una aportación de capital humano significativa, sin embargo, su participación fue sustancial en la creación de nuevos espacios económicos, culturales y académicos.[22]  

Durante su gobierno, el ejecutivo nacional “apoyó a la Republica contra Franco y sus aliados, Hitler y Mussolini &#91llevándolo&#93 a una confrontación directa con los nazis” (Friederich Katz, 2006: 411-412). Es importante señalar que pese a que el cardenismo se distanció de los totalitarismos europeos, no se instruyeron políticas económicas o migratorias que limitaran la participación de sus ciudadanos en México. Ello formó parte de la postura de autodeterminación que encontraba conveniente mantener hasta cierto punto relaciones de cooperación con los extranjeros, siempre y cuando fueran útiles para la nación.

Es en este mismo periodo que la política migratoria del Estado mexicano adquirió dos rostros: el primero como un país que garantizaba el refugio a los españoles perseguidos por el franquismo, el segundo, en el que se mantuvieron vigentes e inamovibles las reservas y restricciones ante la diáspora judía tomadas por su antecesor.

Es así como el régimen de Lázaro Cárdenas en el discurso se alzó como una nación defensora de los perseguidos políticos internacionales, mientras que en la práctica fue selectivo al buscaba integrar a la nación a aquellos sujetos que por sus condiciones culturales, religiosas e idiomáticas se adaptaran rápida y exitosamente al contexto nacional. Fue así que la política internacional mexicana cardenista contempló paralelamente una política de puertas abiertas y una política que se reservaba el derecho de admisión a quienes eran considerados indeseables.

El discurso de amistad y solidaridad ante los Republicanos españoles fue la bandera con la que el Estado mexicano se identificó internacionalmente. Con ello se demostró al resto del mundo la madurez política nacional, al procurar garantizar los derechos políticos y humanos de extranjeros desamparados, aún sobre presiones internacionales de otros países. Sin embargo, la imagen internacional de solidaridad y respeto desinteresado se desvanece de frente a los intereses políticos que sustentaban la política internacional mexicana. Específicamente durante este periodo coexistieron dos estructuras discursivas:

 

…una orientada hacia fuera, siempre atenta y activa a favor de las causas más nobles: la paz, el respeto a las soberanías nacionales y la lucha contra toda forma de discriminación; y frente a ella se erige una conducta que mira hacia adentro, apuntando en dirección contraria a lo defendido en la arena internacional. (Pablo Yankelevich, 2002: 9)

 

Este doble discurso se evidenció con el mantenimiento de medidas selectivas y restrictivas aplicadas en los pasos fronterizos, con el objetivo de disuadir la llegada de extranjeros que pudiesen atentar contra los intereses o seguridad nacional.[23] Contrario al los Republicanos, los judíos durante el cardenismo no fueron recibidos con las puertas abiertas, a pesar de que compartieron el estatus de víctimas de regímenes totalitarios que atentaban contra su libertad y ponían en peligro su vida. Es importante anotar que las medidas hacía los judíos se mantuvieron en la confidencialidad, pues su divulgación pudo significar un duro golpe a la imagen internacional de “país refugio” que se pretendía sustentar.[24]

 

Una Medida Frente a la Guerra

 

Con el estruendo de los cañones sobre territorio polaco, que anunciaban el inicio de la Segunda Guerra Mundial,  el clima político internacional aunque peligroso, parecía lejano a la realidad nacional. El Estado mexicano desde un primer momento se declaró neutral ante el conflicto, sin embargo, al interior del país fueron tomadas algunas acciones precautorias que argumentaban la defensa de los intereses y derechos nacionales legítimos. Entre estas medidas se ordenó una serie de acciones discrecionales que buscaban regular “la admisión de inmigrantes,[25] siendo el objetivo central evitar una llegada masiva al país de extranjeros procedentes de los países en estado de guerra.

Previendo que los acontecimientos bélicos internacionales impulsaran un movimiento masivo de personas que abarrotara las fronteras mexicanas, el Estado mexicano determinó establecer una serie de tabulados que buscaban regular y limitar la llegada de extranjeros al país anualmente:

 

II- Hasta mil, los nacionales de los países: Alemania, Bélgica, Checoslovaquia, Dinamarca, Francia, Holanda, Inglaterra, Italia, Japón, Noruega, Suecia y Suiza.

III- Hasta cien, los nacionales de los países restantes.[26] (excepto latinoamericanos)

 

Es así como desde las fronteras nacionales el ejecutivo nacional procuraba regular el ingreso de extranjeros de cuyas naciones estuviesen involucradas en el conflicto internacional, haciéndolas extensivas a ambos bandos. Por otro lado, la migración de nacionales latinoamericanos y el antes referido caso español, fueron considerados claves para estrechar  lazos de cooperación y amistad; promoviendo su migración y facilitando su ingreso y adaptación al país.

Sin embargo a finales de 1940, se rebasó el numero total de extranjeros que se había establecido, podían ingresar por las fronteras mexicanas, por lo que en se mantuvieron “cerradas las fronteras como lugar de entrada, declarándose nulas las solicitudes de internación que se encuentran en trámite.[27] Su reanudación debía iniciarse en enero del próximo año,  por lo que amablemente se invitó a los viajeros a buscar otro lugar de estancia o refugio en el continente.

Pero no solo los puntos fronterizos se declararon clausurados para la llegada de extranjeros, también la Secretaría de Gobernación instruyó a la Secretaría de Comunicaciones para que multara con hasta doscientos mil pesos a “los propietarios de aeronaves extranjeras que sin autorización aterricen o acuaticen dentro de las fronteras, o aguas territoriales”.[28] El cierre de las fronteras se justificó con el hecho de que las condiciones políticas y económicas nacionales no podrían tolerar un ingreso masivo de extranjeros en un periodo tan corto de tiempo.

 

La Burocracia Mexicana, Migración y Calidades Migratorias.

 

La política migratoria de una nación no solo esta conformada por aquellas medidas tomadas en torno a quienes pretenden llegar al país a través de los pasos fronterizos o puertos de embarque; de igual manera, contempla la regulación y vigilancia de la presencia y/o actividades de los extranjeros ya insertos.

Específicamente, durante el periodo que transita entre la crisis económica de entreguerras y los años de la Segunda Guerra Mundial, el Estado mexicano ordenó una serie de medidas que condicionaron la estadía de extranjeros en el país. Desde 1933 la Secretaría de Gobernación instruyó a todas las oficinas de gobierno municipales para que verificaran que los extranjeros radicados en su jurisdicción se identificaran mediante el la forma RNE-3. Forma que se les daba al momento de ingresar al país legalmente y que debían portar en todo momento,  pues era la única forma oficial de identificación que avalaba su legitima estancia en el país.[29]

Como lo marcaba el artículo 24º de la Ley de Inmigración Mexicana “los extranjeros que entren al país requieren registrarse antes de treinta días después de su fecha de internación.” (Romeo G. Domínguez, 1952: 71). Cada extranjero estaba obligado a mantenerse en el puerto o zona de internación hasta que se llevara a cabo su debido registro. Además se advertía que a quien se sorprendiera ofreciendo falsa información, según el artículo 94º “con el propósito de entrar o mantenerse en el país se hacía acreedor a ser sujeto de deportación.” (Romeo G. Domínguez, 1952: 81).

Para el correcto cumplimiento de las estrictas disposiciones gubernamentales en torno al registro, se hacía vital que las autoridades municipales de todo el país instruyeran a sus funcionarios para que procuraran el cumplimiento de la legislación migratoria vigente. Además el RNE-3 fue obligatorio para cualquier trámite, legal o migratorio de los extranjeros en los distintos municipios del país, inclusive de su portación dependía el ser empleado o conseguir los permisos para abrir algún negocio. En caso de que alguna autoridad detectara a algún  extranjero sin esta identificación, éste se hacía acreedor a una fuerte sanción económica que en ocasiones desembocaba en su expulsión del país.

Pero conforme se desarrolló la Segunda Guerra Mundial, las medidas de registro y vigilancia se hicieron más estrictas; desde 1940 el ejecutivo nacional a través de  los gobiernos estatales instruyó a todos los cuerpos policiacos al servicio para que vigilaran, revisaran y amonestaran a los extranjeros que no cumplieran con lo dispuesto por la ley de migración. Las policías locales estaban autorizadas para detener e investigar aleatoriamente el status migratorio de quien a su consideración fuera extranjero, a fin de  localizar migrantes sin registro o con permisos vencidos.

Pese a que no se tiene noticia de la ejecución de deportaciones o el cumplimiento de penas de cárcel –contempladas por el artículo 130° de la  ley de migración-  por no portar la RNE-3, si se tiene noticia de la existencia de un gran número de quejas de extranjeros por multas las cuales consideraban excesivas al haber simplemente “olvidado su registro en casa”  pues estas iban de los 100 a 2,000 pesos.[30]

Conforme la Segunda Guerra Mundial amenazaba con hacerse presente en la realidad Mexicana, las medidas restrictivas y de vigilancia de la política migratoria nacional se hacían cada vez más estrictas. En un ambiente casi de paranoia, la Secretaría de Gobernación instruyó a todos los funcionarios administrativos y policiacos del país para que extremaran precauciones respecto la nacionalización de extranjeros, pues hasta que no fuese investigado minuciosamente cada expediente. Se argumentó que en términos de “seguridad nacional” no era conveniente el otorgar  la ciudadanía mexicana a extranjeros que podrían aprovechar su nuevo estatus para atentar a los intereses de México.[31]

 

Los súbditos del Eje en México

 

A finales de 1940 la polémica en torno a la supuesta peligrosidad de cierta presencia extranjera en México formó parte de la discusión en las esferas de la alta política y la opinión  pública, tras la noticia de que se había detenido a tres alemanes que en el puerto de Manzanillo que escaparon del buque mercante “Havelland”, mientras éste se abastecía. Días después, estos extranjeros fueron  procesados y repatriados, sin embargo -se destaca de la declaración-  que inventaron una serie de argucias para convencer a las autoridades mexicanas para que les permitieran quedarse en el país, pues manifestaron un profundo temor de ser obligados a participar en el frente franco-alemán[32].

Este hecho, no quedó como un incidente menor, sino que rápidamente las alarmas en las oficinas de migración se encendieron, pues, sí algunos alemanes ya habían pretendido refugiarse en México para huir de la guerra ¿cuántos más estarían clandestinamente estas u otras causas similares?.[33]

Esta noticia fue el detonante de múltiples reacciones entre los gobiernos estatales, mientras que en Colima se garantizó el redoble de las medidas de vigilancia en las zonas portuarias, en Jalisco el gobernador Silvano Barba declaró que:

 

…se exigiría que todas las casas de hospedaje y los hoteles manden un informe detallado sobre los extranjeros. &#91Además&#93 Una vez dentro del país se seguirá su vida para saber a las actividades a las que se dedican. Estas medidas complementan el plan &#91que pretende&#93 substraer a México de toda actividad relacionada con la guerra europea.[34]

 

La prensa fue uno de los principales medios que alertaron sobre la posible peligrosidad de a quienes se denominó por la prensa y algunas autoridades estatales “súbditos del eje” (nacionales de Alemania, Italia y Japón). Presuntamente, sus actividades cotidianas pudieron disfrazar algunas acciones que amenazaran la seguridad nacional.

Si el sentimiento de emergencia era menor, el 22 de Octubre de 1940 este se acrecentó al circular a nivel nacional una serie de notas de prensa que referían: “Que Manzanillo es la Base de Espionaje Japonés en México” causando alarma entre algunos sectores de la población:

 

…desde círculos allegados a la oficina de migración de la dirección de población, &#91informaron que&#93  la Secretaría de Gobernación abe ya que la base espionaje radica en las islas del Pacifico especialmente en las cercanías de Manzanillo Col.

Se ha dado el caso de que algunos mozos y empleados de poca categoría, de nacionalidad japonesa, han resultado ser espías del Japón, habiéndose descubierto que están practicando humildes ocupaciones los condes y personajes importantes con el fin de disimular su verdadera actividad, informando al imperio japonés de las cosas referentes generalmente a los Estados Unidos.[35]

 

No obstante, esta nota fue más una nota más de prensa amarillista que una advertencia real, de hecho, los editores del diario que publicó esta nota aclararon al siguiente día que solo era un rumor, y debía considerarse como tal,  pues las autoridades se habían reservado sus declaraciones y no existía confirmación del caso.[36]

Fue así como a pocos meses de la invasión nazi a Polonia, en México era latente un ambiente de temor y sospecha en contra de alemanes, italianos y japoneses. De este modo, estos extranjeros fueron calumniados y acusados injustamente, pues no se tiene noticia de alguna detención o procesamiento que haya comprobado un real boicot, espionaje o cualquier otro atentado de japoneses contra la nación. 

El ambiente al interior del país, contrastó con el discurso de neutralidad, libertad, igualdad y justicia abanderado por el Estado mexicano. Sin embargo, la cercanía del gobierno de México con los Estados Unidos generó que la presencia de ciudadanos franceses o ingleses –involucrados también en la guerra- fue tolerada,  exonerándolos de cualquier medida de vigilancia o cumplimiento de regulaciones.

 

El estallido de la Guerra

 

Conforme continuó el conflicto mundial, las reservas hacia los “súbditos del eje” fueron cada vez más asfixiantes. El interés de las autoridades por mantener una estricta vigilancia fue cada vez mayor; el 13 de Enero de 1942 el Oficial Mayor de Gobernación, Adolfo Ruiz Cortines, instruyó a los gobernadores que realizaran un censo de todos los “italianos, japoneses y alemanes que se encontraran radicados en esa entidad, por municipios, edad y ocupación.”[37]. Con ello se pretendía tener localizados y bajos vigilancia a todos los posibles o potenciales enemigos de la nación.

Pero al igual que en los puntos fronterizos,  el cumplimiento de las políticas migratorias al interior del país fue permeado por la subjetividad de los delegados gubernamentales encargados de su aplicación.  De hecho, solo un par de semanas después de la implementación del registro de “súbditos del eje”, se manifestaron las primeras quejas respecto al actuar de los delegados gubernamentales.

Hasta las oficinas Secretaría de Gobernación, por conducto de las oficinas municipales de registro, se manifestaron múltiples quejas de asiáticos que sufrieron hostigamiento por parte de las autoridades, específicamente de fuerzas policiacas. Por sus características fenotípicas los asiáticos de cualquier origen eran catalogados, vigilados y registrados como japoneses, lo que conllevaba a molestias innecesarias, pues era su obligación comprobar que no eran japoneses; en palabras del jefe de migración en Guadalajara Isaías R. M.:  “todos eran, escribían y hablaban igual”.[38]

Si de por sí la situación era crítica, el clima de vigilancia se agudizó cuando  el presidente Ávila Camacho decidió ordenar la incautación de barcos extranjeros que le permitieran seguir abasteciendo al mercado estadounidense[39]. Además, se anunció el establecimiento de una comisión mexicana-norteamericana de Defensa Conjunta “para definir la forma en que se daría la cooperación militar global &#91..&#93 reducir cualquier riesgo de sabotaje” (Blanca Torres, 1979: 56). Todo ello mientras el país se encontraba en un estado de “neutralidad”.

Ambas ordenanzas no hicieron sino causar molestias al interior del país entre los simpatizantes del  fascismo; mientras que para el III Reich, fue un acto de abierta hostilidad, pretexto suficiente para proponerse cortar las líneas de abastecimiento petrolero estadounidense que llegaban desde México; lo que desembocó en los ataques alemanes a los buques petroleros “Potrero del Llano” y “Faja de Oro”.

Como consecuencia del ataque, el Ejecutivo mexicano declaró el estado de guerra frente al Eje “Berlín-Roma-Tokio” en mayo de 1942.[40] Hecho que transformó la relación de los mexicanos con la guerra, parecía cada vez más cercana, la vigilancia en los puertos fue redoblada y el miedo a una invasión o actos de boicot fue cada vez más palpable. Se temía que los tripulantes de los barcos incautados llevaran a cabo acciones que pusieran en peligro las embarcaciones, por lo que en el ex Fuerte del Perote (Veracruz) se estableció la primer estación migratoria en que se alojó (obligatoriamente) a los tripulantes de los barcos incautados; fue ahí donde estos sujetos permanecieron hasta finales de año, cuando se acordó su repatriación.[41]

Se instruyó la aplicación de un renovado y agresivo esquema de control, se centró específicamente en las minorías extranjeras consideradas potenciales amenazas. De hecho, el censo a los “súbditos del eje” fue usado por las autoridades gubernamentales para garantizar la localización y el cumplimiento de una de las medidas más restrictivas implementadas por el gobierno contra algún grupo extranjero en el siglo XX. Se ordenó que todos los japoneses radicados en el interior del país,  fueran conducidos, registrados y vigilados al interior de las ciudades de Guadalajara, Monterrey y el Distrito Federal[42].

Específicamente, se instruyó a los servidores públicos al servicio del estado para que dieran cumplimiento a esta concentración, las autoridades municipales debían localizar y entregar a los japoneses radicados en su jurisdicción a los militares de la localidad, los cuales a su vez los conducirían hasta la ciudad que les era designada.[43]

 Esta concentración proponía la confinación de la población japonesa en México a la ciudad que le era designada, hasta que las autoridades federales no instruyeran lo contrario. Dicha medida sin duda causó un fuerte impacto social, no solo hacía los extranjeros directamente afectados; además separó familias, y afectó a algunos sectores de la sociedad y de la economía que dependían de sus servicios.[44] Por otra parte, en términos de poblamiento, a su arribo a la ciudad de concentración, no se les proveyó de techo, trabajo o algún servicio humanitario que garantizara su integración a la sociedad; por ello tuvieron que sostenerse de lazos de paisanaje que les permitiera insertarse a la vida en la ciudad. 

Pero no solo los japoneses fueron sujetos de la vigilancia estatal, pese a que no fueron reubicados, el caso de los alemanes e italianos destacó por el constante escrutinio policiaco al que se les sometió. Para ello, se estableció un Servicio de Informaciones Política y Sociales, en la que coordinó el traslado de estos extranjeros “en donde su presencia se estimó indeseable”; [45] además de que se clausuraron centros de reunión de estos extranjeros con el fin de “evitar la difusión de propaganda enemiga y las demás actividades contrarias a la seguridad de la nación”. [46]

Un claro ejemplo de estas medidas es referido por el Jefe de la policía de la ciudad de Guadalajara, quien informó haber investigado “con toda meticulosidad a los extranjeros alemanes, japoneses e italianos radicados en la Ciudad, y poniendo a disposición de la Secretaría de Gobernación a quienes se les ha comprobado ilegalidad en su estancia o simplemente sospecha en sus actividades”.[47] Además, a nivel nacional se ordenó a gobiernos estatales que convocaran a los dueños de hoteles y casas de huéspedes para que informaran sobre la presencia y movimiento de viajeros nacionales y extranjeros “en la inteligencia de que en los casos que se estimen de urgencia, &#91sean comunicados&#93 por la vía más rápida”.[48]

El estado de emergencia nacional era evidente, pues aunque las mediadas “precautorias” fueron en su mayoría de carácter confidencial, se procuró que ninguna violara la legislación nacional. Por tal motivo, los ministros de la Suprema Corte, junto con el Ejecutivo promovieron “la suspensión de garantías que pudieran constituir obstáculo para hacer frente rápida y fácilmente a la situación”;[49] medida que fue aprobada por el Congreso de la Unión el 1 de junio de 1942.

Hasta este punto, es claro el temor del Estado mexicano ante la presencia de algunos grupos extranjeros que fueron considerados potencialmente peligrosos. Pero además de suspender las garantías individuales, mientras permaneciera el país en estado de guerra, se promovió la prohibición de matrimonio entre “súbditos del eje” y mexicanos, pues al adquirir la ciudadanía mexicana, podrían evadir algunas medidas de control y vigilancia de las que eran objeto, situación que potencialmente vulneraba a la seguridad nacional.

Fue así como el 30 de Junio de 1942, Adolfo Ruiz Cortines instruyó a los gobernadores del país para que tomaran medidas cautelares:

 

…en virtud de que nacionales de Japón, Alemania, e Italia, con los que nuestro país encuentrase estado guerra, están contrayendo matrimonios con personas de nacionalidad mexicana para burlar disposiciones dictadas sobre el control extranjeros, por acuerdo señor secretario permitome rogarles ordene encargados registro civil, se nieguen a autorizar tales uniones, cooperando así con la  política que sigue gobierno federal en esta materia.[50]

 

No obstante, esta medida condujo a una serie de conflictos de interés, pues para algunos sectores de la sociedad –pertenecientes a la baja política- se trató de un verdadero atropello a los derechos civiles. Cabe señalar que no  se demandó el atropello al derecho de contraer nupcias de los extranjeros, sino de los mexicanos. En el caso de que algún alemán, italiano o japonés  pretendiera adquirir la nacionalidad mexicana mediante el matrimonio, debía quedar sujeto a investigaciones y ofrecer pruebas que demostraran que no era un peligro para la seguridad nacional.

Pero la discrecionalidad y confidencialidad de las medidas restrictivas tomadas en esta época terminaron oficialmente el 1 de Septiembre de 1942, fecha en que Manuel Ávila Camacho ofreció su segundo informe de gobierno.[51] En este comunicado a la nación, anunció abiertamente que en uso de sus facultades políticas, instruyó la apertura de un Registro Nacional de Extranjeros  con el fin de “responder a las exigencias del estado de Guerra”.[52]

Es probable que la abierta divulgación de las medidas restrictivas contra los “súbditos del eje” sea resultado de que se comprobó la incidencia de actos de boicot y espionaje en México. De hecho como elemento que justifica el actuar del ejecutivo, se declaró que en base en el artículo 33º de la constitución, se acordó la expulsión de treinta extranjeros que habían actuado en contra de la ley.[53]  Por lo que el Estado no podía tolerar la acción de ningún agente que pusiera en peligro la paz nacional.

Pero al ser las medidas cautelares del dominio público, el Ejecutivo nacional ordenó a los gobernadores que “cuiden de que se respeten las garantías a que tienen derecho nacionales extranjeros, cada vez que ha habido causa para suponer la existencia de restricciones indebidas, dentro de las jurisdicciones locales”.[54] Es entonces que en el afán de mantener a raya las actividades “perniciosas” de los extranjeros, en algunas localidades se habían tomado medidas que fueron denunciadas como atropellos o medidas excesivas.

Pero no solo las medidas tomadas localmente causaron protestas entre la población nacional; la medida de prohibición matrimonial fue objeto de controversia por lo que al desestimar su importancia para el resguardo de la seguridad nacional, fue derogada a los pocos meses después.

Esta medida “cautelar” promovida desde la Secretaría de Gobernación causó más conflictos que los que pretendía prevenir. Se evaluó que, al ser pocas las solicitudes de  matrimonio entre estos extranjeros y mexicanos, era posible dar seguimiento a cada caso y desechar las sospechas sobre actividades ilegales o contrarias al interés nacional. Fue así que a poco más de medio año –el 3 de Diciembre- el Secretario de Gobernación ordenó se suspendiera la prohibición matrimonial argumentando que:

 

…mientras termine el estudio sobre los derechos que  adquieren extranjeros que contraigan matrimonio con personas de nacionalidad mexicana durante el estado de guerra actual &#91…&#93 permitome comunicar se suspenden los efectos de la circular que prohíbe &#91…&#93 matrimonios entre súbditos del eje con nuestros nacionales. Ruego hacerlo  del conocimiento de los encargados del registro civil para su cumplimiento.[55]

 

Es evidente que las medidas tomadas por el Estado mexicano ante los extranjeros considerados enemigos se transformaron de acuerdo a la percepción que se tenía respecto a la peligrosidad de cada grupo extranjero y al contexto bélico internacional. De hecho, a pesar de haberse roto relaciones diplomáticas con las naciones del Eje y expulsar a sus funcionarios diplomáticos, el Estado mexicano se preocupó por no dejar en el desamparo a los extranjeros de estas nacionalidades. De hecho, para demostrar la buena voluntad internacional del gobierno mexicano, se acordó que la delegación de Portugal y Suecia, así como el Consulado General de Suiza se encargaran de velar respectivamente por los intereses de los japoneses, alemanes e italianos insertos en el país.[56]

A pesar de las medidas restrictivas, registros y demás precauciones,  la mayoría de los extranjeros “del Eje” se integraron exitosamente en las localidades en voluntaria e involuntariamente habitaron. De hecho, pese al ambiente de desconfianza, la presencia de estos extranjeros no disminuyó sino que aumentó.[57]

 

                                                        *

 

Durante los años en que se desenvolvió la Segunda Guerra Mundial la disyuntiva pareció una constante, por un lado asegurar el respeto a los derechos humanos, y por el otro, el resguardo de la seguridad nacional. Dos caras de un mismo Estado que procuró reguardar los intereses nacionales ante un “estado de guerra” que aunque justificaba legalmente las medidas cautelares, pretendió  no causara daño a la imagen de protección y respeto a los intereses extranjeros.

De hecho, en los foros internacionales en que participó la diplomacia mexicana se refrendó “la reprobación de las agresiones y de las adhesión &#91sic&#93 para todos los pueblos que luchan contra la tiranía, por el mantenimiento o reconquista de su libertad”[58]. Fue así como el conflicto internacional fue el  trasfondo de medidas migratorias que se adaptaron al ambiente de “inseguridad” real y percibido no solo por la prensa nacional, sino también por el Estado mexicano. Es entonces que la política internacional de México desde el periodo de entre guerras hasta los primeros años de la Segunda Guerra Mundial, se caracterizó por estructurarse en función a los intereses emanados desde la esfera de la alta política.

Para el gobierno postrevolucionario, la migración y presencia de extranjeros en México fue un tema contemplado en la constitución de 1917; no obstante, su aplicación se vio relegada frente a otros temas concernientes a la política internacional mexicana. Entre los que se estimó más urgentes destacó el reconocimiento internacional y la atención de reclamos extranjeros que resultaron de la violencia revolucionaria.

Bajo esta dinámica,  el gobierno nacional se reservó el derecho a cumplir a cabalidad con el discurso internacional de amistad, defensa de la autonomía y protección a los extranjeros. Actitud evidente durante el ultimo año presidencial de Abelardo Rodríguez (1934), cuando se emitieron duras medidas restrictivas contra algunos grupos extranjeros que pretendían insertarse en el país, al ser considerados como portadores de prácticas culturales y religiosas exóticas para la nación.

Con el cardenismo, la política internacional mexicana tomó una bocanada de aire fresco, reformar la cuestión migratoria fue objeto de interés central. Como gobierno de izquierda se pronunció a favor de los derechos políticos y humanos de los exiliados españoles, acción que ante la mirada internacional, se sumaba a la condena hacía los totalitarismos y sus ideas raciales.

El que México se convirtiera en refugio para los expatriados españoles, captó la atención internacional. El gobierno de Cárdenas fue reconocido como defensor de los derechos humanos; sin embargo, en un polo opuesto, la migración judía continuó siendo objeto de rechazo, a pesar de que muchos de ellos –al igual que los republicanos- fueron víctimas de gobiernos totalitarios en Europa.

La diferencia entre ambos casos fue justificada entorno a la adaptabilidad de estos a la forma de vida mexicana. Para el Estado mexicano fue importante promover la migración de extranjeros que no solo aportaran económica e intelectualmente, sino que también se adaptaran de manera optima al contexto cultural del país. Los españoles por cuestiones de idioma, religión y prácticas sociales resultaron ser el grupo más deseable que otros extranjeros que también buscaban un refugio internacional.

Las medidas migratorias antes referidas, a simple vista parecen contrapuestas, sin embargo, al hacer una lectura más profunda desde el enfoque de análisis realista  es posible hacer un corte transversal y señalar que en realidad respondieron a los intereses gubernamentales de cada régimen (Abelardo Rodríguez, Lázaro Cárdenas y Manuel Ávila C.)

En el periodo que trascurrió de la crisis económica internacional de 1929 a el final de la Segunda Guerra Mundial en 1945, el Estado mexicano –de la mano del ejecutivo nacional- se interesó en aprovechar las coyunturas internacionales.  En un primer periodo, asegurar  la inserción de extranjeros que fueran benéficos para la nación. En esta fase, aunque el Estado marcó la pauta respecto a la migración extranjera, en la práctica los funcionarios y agentes migratorios se vieron forzados a adaptar los mandatos oficiales a criterios personales; particularmente ante las dificultades por identificar a los distintos grupos extranjeros, y por ende, permitir o restringir su presencia en el país.

En una segunda etapa, el Estado mexicano mantuvo estrecho control sobre quienes una vez insertos en el país –frente al contexto de guerra mundial- podrían amenazar la estabilidad y unidad nacional. Se instruyó a todas las autoridades gubernamentales, militares y policiacas para que vigilaran, registraran y concentraran a los alemanes, italianos y japoneses en México. Al ser considerados potenciales enemigos de los intereses nacionales, la paranoia oficialista hacia su presencia se magnificó al punto de delimitar su lugar de residencia y restringir sus opciones para adquirir la nacionalidad mexicana.

El respeto a los derechos humanos y el resguardo de la seguridad nacional pueden parecer elementos contrapuestos, en asincronía. Pero, puestos en perspectiva, en realidad formaron de un mismo discurso oficial, en el que el gobierno mexicano aseguró la manutención del estado de derecho. Las medidas “precautorias” tomadas frente a la presencia de extranjeros posiblemente perniciosos se mantuvieron en la confidencialidad, hasta el momento en que la declaración de guerra fue anunciada. Una vez oficial el estado de guerra contra los países del Eje, las medidas migratorias fueron anunciadas sin empacho, pidiendo inclusive la cooperación de la población en su cumplimiento, pues el objetivo central era asegurar la paz nacional.

En suma, pensar que la crisis económica de 1929 y la Segunda Guerra Mundial fueron en México solo eventos noticiosos, sin repercusiones, es un error. En este breve trabajo se ha evidenciado que aunque aparentemente la política migratoria mexicana, en ocasiones se contrapuso al discurso internacional; en realidad se trató de una actitud de adaptación ante los radicales cambios internacionales.

Por ello, más que reflejar contradicciones en la esfera de la alta política, se demuestra el interés por asegurar el reconocimiento internacional y la  estabilidad nacional simultáneamente. En otras palabras, mantener una imagen de país refugio, defensor de la democracia (al exterior), pero a la vez, combatir las posibles amenazas  al sistema de bienestar instaurado después de la lucha revolucionaria (al interior).

Cuando la migración de extranjeros potencialmente peligrosos pareció regulada y bajo control, se promovió la vigilancia de las actividades de los ya insertos, verificando que su procedencia, hábitos y cultura fueran benéficas para los intereses nacionales ante la cambiante coyuntura internacional. Una vez que el Estado garantizó el control de la presencia y actividades de los “súbditos del eje”, se dio pie a que sectores pertenecientes a la baja política, opinaran tangencialmente respecto a las medidas tomadas.

 

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Archivos

 

Archivo General de la Nación, Dirección General de Gobierno.

 

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Diario de debates de la Cámara de Diputados, , Informe del Presidente de la República Manuel Ávila Camacho  al Congreso de la Unión con motivo de la declaración de Guerra, 28 de mayo de 1942.

 

El Informador, “Se declaran cerradas las fronteras”  México, Jalisco,  21 de septiembre de 1940.

 

El Informador, “Desertores detenidos” México, Jalisco, 14 de diciembre de 1939.

 

El Informador, “Habla el Gobernador”, México, Jalisco,  8 de agosto de 1940.

 

El Informador, “Que Manzanillo es la Base de Espionaje Japonés en México” México, Jalisco, 22 de octubre de 1940.

 

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Diario de Debates del XXXVIII Congreso de los Estados Unidos Mexicanos, “Informe del Presidente Manuel Ávila Camacho ante el XXXVIII Congreso de los Estados Unidos Mexicanos” 1 de Septiembre de 1942, en:, http://cronica.diputados.gob.mx/DDebates/38/3er/Ord/19420901.html consultado el 4 de Noviembre de 2014.



[1] En el artículo 33º de la constitución promulgada el 5 de febrero de 1917, se declara que el Ejecutivo tiene la facultad exclusiva de hacer abandonar el territorio nacional, inmediatamente y sin necesidad de juicio previo, a todo extranjero cuya permanencia juzgue inconveniente. Además de que prohibió a los extranjeros inmiscuirse en asuntos políticos del país.  En: Diario Oficial, Órgano del Gobierno Provisional de la República Mexicana, México, Tomo V, Nº.30,  5 de febrero de 1917.  P. 152.

[2] Particularmente el artículo 27º de la constitución mexicana fue objeto de negociaciones, generando  la promulgación de su “no retroactividad”; además de que se creó la Comisión General y Especial de Reclamaciones, con el fin de atender las demandas de los extranjeros que se consideraron afectados por el vendaval revolucionario. Ver: (Rafael Trujillo Herrera, 1966: 29-31)

[3] En la década de 1930, la diplomacia mexicana se caracterizó por impulsar la llamada “Doctrina Estrada” en la que se consideró que el condicionamiento al reconocimiento de una nación era una forma de intervencionismo; el reconocimiento era una práctica denigrante, que hería la soberanía de las naciones, por ello, se impulsó el derecho a la autodeterminación de las naciones.  Ver: (Juan José Soler, 2002: 41-49).

[4] Otros enfoques de análisis con los que se ha analizado al política exterior de México son: teoría de la dependencia, causalidad interna, política burocrática e interdependencia compleja. No obstante, para el caso específico de este trabajo, ninguno de ellos será considerado, pues su perspectiva no se adecúa al tratamiento de fuentes ni al enfoque analítico propuesto. Para conocer los elementos que constituyen cada enfoque señalado, ver:  (Arturo Borja Tamayo, 1997: 39).

[5] Como alta política se refiere Borja Tamayo a los espacios de decisión gubernamentales: gabinetes gubernamentales, embajadas, consulados, cámaras legislativas, etc.  (Arturo Borja Tamayo, 1997: 26).

[6] La baja política es el campo de actuación política formada por actores ajenos a los espacios gubernamentales, tienen un papel social diferenciado pues se conforma por grupos de interés diversos: grupos empresariales, elites locales, asociaciones civiles, religiosas, académicas, etc.    (Arturo Borja Tamayo, 1997: 26).

[7] Las naciones al ser soberanas interna y externamente, están propensas a actuar de manera desorganizada, por ello son necesarios marcos jurídico-institucionales que regulen su relación. La convivencia entre naciones es una necesidad, particularmente entre países vecinos, por lo que la política internacional permite el diálogo y creación de alianzas que permitan enfrentar la latente anarquía global. Para profundizar más respecto a estos referentes ver:   (Eduardo Jorge Arnoletto, 2007: 67-68)

[8] Los principales regímenes que iniciaron o consolidaron  su régimen de gobierno fueron en Alemania, Adolf Hitler (1933), Italia, Benito Musolini (1922) y en España, Francisco Franco (1936). Para mayor información ver: (Gabrielle Ashford Hodges, 2001: 15-19); (Richard Bosworth, 2003:35-36); (Helmut Heiber, 2005:  77).

[9] Archivo General de la Nación (en adelante AGN) Comunicado de la Secretaría de Gobierno a través del Jefe del Departamento  Vicente E. Matus al Jefe del Servicio de Migración, en circular confidencial Nº· 157, 27 de abril de 1934 fondo Dirección General de Gobierno (en adelante DGG), Caja 11, exp.15. foja.1.

[10] Las nacionalidades descritas en este documento están  escritas en códigos en clave que le dan un valor numérico cifrado a cada nacionalidad los cuales aparecen interpretados en: (Delia Gleizer Salzman,2000: 73-95). De este texto ha sido usada la información para el análisis de la circular referida.

[11] El concepto de raza fue usado genéricamente en los documentos oficiales consultados, específicamente se refieren a elementos fenotípicos. Sin embargo, el elemento racial fue desplazado tiempo después por “ciertas nacionalidades” dado que las restricciones respondieron a intereses culturales, religiosos y políticos, y no a prejuicios raciales.

[12] AGN, Comunicado de la Secretaría de Gobierno a través del Jefe del Departamento  Vicente E. Matus al Jefe del Servicio de Migración, en circular confidencial Nº· 157, 27 de abril de 1934 fondo DGG, Caja 11, exp.15. foja.3.

[13]AGN, Comunicado de la Secretaría de Gobierno a través del Jefe del Departamento  Vicente E. Matus al Jefe del Servicio de Migración, en circular confidencial Nº· 157, 27 de abril de 1934 fondo DGG, Caja 11, exp.15. foja5.

[14]AGN, Comunicado de la Secretaría de Gobierno a través del Jefe del Departamento  Vicente E. Matus al Jefe del Servicio de Migración, en circular confidencial Nº· 157, 27 de abril de 1934 fondo DGG, Caja 11, exp.15. foja.6.

[15]AGN, Comunicado de la Secretaría de Gobierno a través del Jefe del Departamento  Vicente E. Matus al Jefe del Servicio de Migración, en circular confidencial Nº· 157, 27 de abril de 1934 fondo DGG, Caja 11, exp.15. foja 6.

[16] Partido NAZI que refiere al Nationalsozialist  (Partido Nacional Socialista)  surgido en Alemania apoyado de bases obreras, con el fin de afrontar la crisis económica de la post-guerra y recuperar el orgullo nacional.  Una de sus características es el orgullo de pertenencia a la raza aria, considerando a otras como “naturalmente” inferiores; ello incluyó a los judíos a quienes además se culpó por la crisis económica padecida en el periodo de entreguerras.  Para mayor detalle sobre el tema ver: (Joseph Nyomarakay, 1967: 130-133).

[17] AGN, Comunicado de la Secretaría de Gobierno a través del Jefe del Departamento  Vicente E. Matus al Jefe del Servicio de Migración, en circular confidencial Nº· 157, 27 de abril de 1934 fondo DGG, Caja 11, exp.15. foja 7.

[18] AGN, Comunicado de la Secretaría de Gobierno a través del Jefe del Departamento  Vicente E. Matus al Jefe del Servicio de Migración, en circular confidencial Nº· 157, 27 de abril de 1934 fondo DGG, Caja 11, exp.15. foja 8.

[19] AGN, Comunicado de la Secretaría de Gobierno a través del Jefe del Departamento  Vicente E. Matus al Jefe del Servicio de Migración, en circular confidencial Nº· 157, 27 de abril de 1934 fondo DGG, Caja 11, exp.15. foja 9.

[20] Archivo Municipal de Guadalajara (en adelante: AMG),-Archivos-de Registro-de Extranjeros, 1950 Hejt Keili Marcos (lituano)- F.1.

[21] Algunos textos que refieren al caso de los exiliados españoles en México son: (Claudio Esteva Fabregat, 2009); (Milagrosa Romero Samper, 2005); (J. M. Naharro-Calderón, 1991).

[22] Uno de los espacios académicos más importantes creados en la época (1938-1914) fue La Casa de España en México (antecedente al Colegio de México), refugio de intelectuales españoles republicanos. Para mayor información sobre su edificación y aportaciones al campo científico nacional ver: (Alfonso Reyes, 2004: 989-1009).

[23] La selectividad se refiere medidas restrictivas a la inserción de extranjeros de ciertas nacionalidades en México, particularmente por cuestiones políticas, culturales y económicas; mientras que la restricción se refirió tanto al número de extranjeros que podrían entrar al país, como a las características físicas, de edad, género, idioma y religión que se esperaban de los extranjeros que pretendían entrar al país. Tanto la selectividad como las restricciones en la política migratoria mexicana fueron adaptándose a los intereses del Estado mexicano; particularmente ante el escenario político, económico y bélico internacional. Por tanto, es importante señalar a lo largo de este trabajo, la forma en que estas medidas se adaptaron a su contexto, tanto dentro como fuera de las fronteras nacionales.

[24] La idea de “país refugio” es tomado de la obra de Pablo Yankelevich (Pablo Yankelevich, 2003) obra en la que se conjunta una serie de ensayos  en la que distintos autores refieren a la historia de los exilios en México durante el siglo XX. Movimientos migratorios que se dieron entorno al contexto de la crisis internacional desarrollada entre 1920 y 1940.

[25] Diario Oficial de la Federación, “Tabuladores de Inserción” México, D.F, 1 Noviembre de 1938. 

[26] Diario Oficial de la Federación, “Tabuladores de Inserción” México, D.F, 1 Noviembre de 1938.

[27] El Informador, “Se declaran cerradas las fronteras”  México, Jalisco,  21 de septiembre de 1940.

[28] Periódico Oficial del Estado de Zacatecas,  “Ley de vías Generales de Comunicación- artículo 555”, 29 de mayo de 1940, f.467

[29] Dicha identificación estaba compuesto por datos como: fecha de expedición, nombre completo, fotografía de frente y  de perfil, firma del portador, puerto de entrada y fecha de internación; además una descripción de rasgos físicos, señas particulares, estado civil, ocupación, idioma nativo, otros idiomas hablados, lugar y país de nacimiento, nacionalidad, religión, raza, lugar de residencia, referencias personales y firma y sello del funcionario que lo registró ver: AMG, Registro alta  del japonés Une Hatsu, febrero de 1954, Registro de Extranjeros 1921-1957,  caja 9, foja 1.

[30] AMG, Registro alta  del japonés Une Hatsu, febrero de 1954, Registro de Extranjeros 1921-1957,  caja 9, foja 2.

[31] AGN, Comunicado de la Secretaría de Gobierno a través del Jefe del Departamento al Jefe del Servicio de Migración, en circular confidencial Nº· 247, 08 de noviembre  1939, fondo DGG, Caja 11, exp.15. f.8.

[32] El Informador, “Desertores detenidos” México, Jalisco, 14 de diciembre de 1939.

[33] Para conocer sobre las discusiones y editoriales que se publicaban  durante estos años acerca de la controversial presencia de extranjeros “potencialmente peligrosos” ver: (José Ortiz, 1992: 27-38)

[34] El Informador, “Habla el Gobernador”, México, Jalisco,  8 de agosto de 1940.

[35] El Informador, “Que Manzanillo es la Base de Espionaje Japonés en México” México, Jalisco, 22 de octubre de 1940.

[36] El Informador, “Que Manzanillo es la Base de Espionaje Japonés en México” México, Jalisco, 23 de octubre de 1940.

[37] Archivo Histórico del Estado de Jalisco (en adelante AHEJ), oficio enviado por el Oficial Mayor de Gobernación Ruiz Cortines a cada uno de los gobernadores del territorio mexicano, oficios enviados del 31 de Enero de 1942 al 17 de Febrero del mismo año.  Pasaportes y Salvoconductos, G-8, Caja 14,  Asunto 3, foja 1-30.

[38] AHEJ, oficio enviado por encargado municipal de migración y registro de extranjeros al  Oficial Mayor de Gobernación Ruiz Cortines, 06 Agosto de 1942, Pasaportes y Salvoconductos, G-8, Caja 14,  Asunto 3, foja 133.

[39] En total fueron doce las embarcaciones extranjeras incautadas por el gobierno mexicano, de estas algunas fueron boicoteadas por sus tripulantes y ataques de submarinos extranjeros. Al término de la guerra se hundieron un total de seis embarcaciones y 42 marinos mexicanos perdieron la vida; para mayor información al respecto ver: (Brígida Bon Metnz, 1998: 113-117)  Respecto a las embarcaciones incautadas ver: Ley de Propiedades y Negocios, promulgada el 13 de junio de 1942, por la cámara de diputados XXXVIII legislatura. http://www. diputados.gob.mx/cedia/biblio/archivo/SDL-05-2004.pdf. Consultado el 21 de Octubre del 2013.

[40] Diario de debates de la Cámara de Diputados, “Informe del Presidente de la República Manuel Ávila Camacho  al Congreso de la Unión con motivo de la declaración de Guerra”, 28 de mayo de 1942.

[41] Diario de Debates del XXXVIII Congreso de los Estados Unidos Mexicanos, “Informe del Presidente Manuel Ávila Camacho ante el XXXVIII Congreso de los Estados Unidos Mexicanos” 1 de Septiembre de 1942, en:, http://cronica.diputados.gob.mx/DDebates/38/3er/Ord/19420901.html consultado el 4 de Noviembre de 2014.

[42] En los Estados Unidos en que se crearon zonas exclusivas de concentración japonesa, alejados del contacto con el resto de la población; de manera menos radical en México la “concentración” solo contemplaba que los japoneses radicaran en las ciudades señaladas y cumplieran con un registro mensual de su presencia. Sobre el registro de japoneses y las dificultades que trajo su concentración para la economía de lagunas poblaciones ver: AHEJ Caja XIV, Carpeta IX F.1, 2, 3. Para consultar algún referente respecto a los lugares de concentración japonesa en Estados Unidos ver: (Gail Sakurai, 2008).  

[43] Los encargados de las zonas militares se dedicaron a las tareas de detención, ver caso de “Enrique Higashi Iyanaga”, en: AHEJ Caja XIV, Carpeta IX F.1 -3.

[44] A finales del siglo XIX y principios del siglo XX la migración asiática, particularmente la china y japonesa resultaron de un complejo proceso de redes de colaboración y paisanaje, que se desarrolló en varias regiones del país de manera simultánea; particularmente en la región occidente y noreste. Pero a diferencia de otros grupos extranjeros, estos se dedicaron a actividades rurales –pesca, agricultura y ganadería- establecieron pequeños talleres y se integraron en actividades comerciales de mediana envergadura. Para conocer más sobre el proceso de inserción de la población asiática en México ver: (María Elena Mishima Ota, 1997)

[45] Diario de Debates del XXXVIII Congreso de los Estados Unidos Mexicanos, “Informe del Presidente Manuel Ávila Camacho ante el XXXVIII Congreso de los Estados Unidos Mexicanos” 1 de Septiembre de 1942, en:, http://cronica.diputados.gob.mx/DDebates/38/3er/Ord/19420901.html consultado el 4 de Noviembre de 2014.

[46] Diario de Debates del XXXVIII Congreso de los Estados Unidos Mexicanos, “Informe del Presidente Manuel Ávila Camacho ante el XXXVIII Congreso de los Estados Unidos Mexicanos” 1 de Septiembre de 1942, en:, http://cronica.diputados.gob.mx/DDebates/38/3er/Ord/19420901.html consultado el 4 de Noviembre de 2014.

[47] AHEJ, oficio enviado por el jefe de la policía de Guadalajara al encargado de Registro de Extranjeros y Migración,  08 Agosto de 1942, Pasaportes y Salvoconductos, G-8, Caja 14,  Asunto 3, foja 136. 

[48] AHEJ, oficio enviado por el Oficial Mayor de Gobernación Ruiz Cortines a las delegaciones de registro de extranjeros estatales, caso Guadalajara, 2 de septiembre de 1942, Pasaportes y Salvoconductos, G-8, Caja 14,  Asunto 4, foja 3. 

[49] Diario de Debates del XXXVIII Congreso de los Estados Unidos Mexicanos, “Informe del Presidente Manuel Avila Camacho ante el XXXVIII Congreso de los Estados Unidos Mexicanos” 1 de Septiembre de 1942, en:, http://cronica.diputados.gob.mx/DDebates/38/3er/Ord/19420901.html consultado el 4 de Noviembre de 2014.

[50] AHEJ, oficio enviado por el Oficial Mayor de Gobernación Ruiz Cortines a cada uno de los gobernadores del territorio mexicano, 30 de junio de 1942,  Pasaportes y Salvoconductos, G-8, Asunto 14, Caja V, foja 1. 

[51] Diario de Debates del XXXVIII Congreso de los Estados Unidos Mexicanos, “Informe del Presidente Manuel Ávila Camacho ante el XXXVIII Congreso de los Estados Unidos Mexicanos” 1 de Septiembre de 1942, en:, http://cronica.diputados.gob.mx/DDebates/38/3er/Ord/19420901.html consultado el 4 de Noviembre de 2014.

[52] Diario de Debates del XXXVIII Congreso de los Estados Unidos Mexicanos, “Informe del Presidente Manuel Ávila Camacho ante el XXXVIII Congreso de los Estados Unidos Mexicanos” 1 de Septiembre de 1942, en:, http://cronica.diputados.gob.mx/DDebates/38/3er/Ord/19420901.html consultado el 4 de Noviembre de 2014.

[53] Cabe señalar que no se aclara la nacionalidad de los extranjeros expulsados ni las acciones que se les imputaron, no obstante, de acuerdo con lo estipulado en el artículo 33º estos debieron inmiscuirse en asuntos “políticos” o poner en peligro la paz nacional.  Diario de Debates del XXXVIII Congreso de los Estados Unidos Mexicanos, “Informe del Presidente Manuel Ávila Camacho ante el XXXVIII Congreso de los Estados Unidos Mexicanos” 1 de Septiembre de 1942, en:, http://cronica.diputados.gob.mx/DDebates/38/3er/Ord/19420901.html consultado el 4 de Noviembre de 2014.

[54] Diario de Debates del XXXVIII Congreso de los Estados Unidos Mexicanos, “Informe del Presidente Manuel Ávila Camacho ante el XXXVIII Congreso de los Estados Unidos Mexicanos” 1 de Septiembre de 1942, en:, http://cronica.diputados.gob.mx/DDebates/38/3er/Ord/19420901.html consultado el 4 de Noviembre de 2014.

[55] AHEJ, oficio enviado por el Oficial Mayor de Gobernación Ruiz Cortines a cada uno de los gobernadores del territorio mexicano, 30 de junio de 1942,  Pasaportes y Salvoconductos, G-8,  Asunto 14, Carpeta V. foja 4.

[56] Diario de Debates del XXXVIII Congreso de los Estados Unidos Mexicanos, “Informe del Presidente Manuel Ávila Camacho ante el XXXVIII Congreso de los Estados Unidos Mexicanos” 1 de Septiembre de 1942, en:, http://cronica.diputados.gob.mx/DDebates/38/3er/Ord/19420901.html consultado el 4 de Noviembre de 2014.

[57] Los alemanes fueron registrados en 1940 2,398; japoneses 936; italianos 789; mientras que en 1950  alemanes 2, 894; japoneses 1550; e italianos 1,220. Un crecimiento que aunque no fue considerable, refleja una estabilidad en su presencia, por lo que pese a todas las medidas tomadas por el Estado mexicano, es posible considerar que no promovieron su salida del país o frenaron su migración hacia el país. Fuentes del censo: Censo nacional de población 1940 y 1950, en: http://www.inegi.org.mx/est/contenidos/proyectos/ccpv/. Consultados el 8 de noviembre de 2014.

[58] Diario de Debates del XXXVIII Congreso de los Estados Unidos Mexicanos, “Informe del Presidente Manuel Ávila Camacho ante el XXXVIII Congreso de los Estados Unidos Mexicanos” 1 de Septiembre de 1942, en:, http://cronica.diputados.gob.mx/DDebates/38/3er/Ord/19420901.html consultado el 4 de Noviembre de 2014.