Morales Jasso: Apuntes teóricos brasileños a la historia ambiental. Un paso impostergable en la constitución de una historia ambiental latinoamericana y caribeña



Introducción

En general, la historia ambiental (HA, en lo sucesivo) es una disciplina joven y llena de tensiones, que es el fruto de los esfuerzos por “entender históricamente los procesos de interacción entre la naturaleza y los seres humanos” (Carvalho, 2011, p. 6). Más específicamente, desde su creación en 2003, el crecimiento de la Sociedad Latinoamericana y Caribeña de Historia Ambiental (SOLCHA) ha sido indicador de la adquisición de madurez de la HA en Latinoamérica y el Caribe. Sin embargo, la SOLCHA apenas tiene 15 años y la HA de Latinoamérica y el Caribe aún está en formación (Palacio, 2012b, pp. 162, 163).

Por supuesto, hay trabajos teóricos de HA que son previos al nacimiento de la SOLCHA. Si tomamos como cierto que “los historiadores se ocupan poco de la reflexión” (Martinez, 2005, p. 33)1 a pesar de que la teoría de la historia, indica Joseph Fontana, constituye una herramienta que ha de orientar el trabajo del historiador (Tenorio, 1998, p. 40), se entiende por qué para la década de 1980, en la fracción hispanohablante de Latinoamérica y el Caribe hubo una ausencia generalizada de contribuciones teóricas y metodológicas a la HA, y que en la década siguiente el panameño Guillermo Castro (2005, § 13, 21) haya encontrado únicamente dos autores que en Hispanoamérica colaboraron con estos temas: él mismo y el colombiano Alberto Florez Malagón. Por tal razón, no sorprende que la teoría en la que se basa la HA en esta última región se encuentre ligada principalmente al idioma inglés y que la HA hispanoamericana esté en una suerte de desventaja teórica respecto de la HA anglosajona.2

Mauricio Tenorio Trillo ha señalado la desventaja teórica en la que se encuentran los historiadores mexicanos y mexicanistas debido al colonialismo académico que retrasa los debates teóricos y metodológicos (Tenorio, 1998, p. 40). Deduzco que lo mismo pasa con los historiadores ambientales mexicanos, pero infiero que también es el caso de los historiadores ambientales hispanoamericanos. Esta dependencia hacia el Norte (Santos, 2009, pp. 225-268, 336-365) quizá nos limite a ver otras tradiciones de la HA.

Es sabido que hay que luchar contra el provincialismo característico de nuestra cultura académica (Castro, 2005, § 26), y ya se han hecho esfuerzos múltiples por acercar la HA latinoamericana con la norteamericana (Palacio, 2012a, pp. 727, 738; Palacio, 2012b, pp. 168, 169, 171). Aún hay un vínculo muy débil entre la HA hispanoamericana y la brasileña,3 que hay que articular para formar una verdadera comunidad académica latinoamericana y caribeña en continuo diálogo (Carvalho, 2004, Maerk, 2000, pp. 4, 111), de modo que este disminuya las inconmensurabilidades, las incompatibilidades y las tensiones epistémicas (Morales Jasso y Herrera, 2015-2016; Morales Jasso, 2016; Morales Jasso y Bonada, 2017; Acevedo y Martínez, 2005), y así la HA hecha en Latinoamérica y el Caribe tenga un papel de liderazgo, y no uno de subordinación (Mignolo, 2007, p. 116).

Guillermo Castro (2005, § 26) sugiere que en vez de importar teoría del Norte, que se articula a la nuestra debido a nuestras debilidades, podríamos articular nuestras teorías con otras propias del Sur, de nuestra América, pero no debido a nuestras debilidades, sino a las propias fortalezas de esta teoría, y así evitar “la importación indiscriminada de problemas y alternativas construidas desde las visiones de otros”. En la actualidad, como se verá, el diálogo intrarregional en la HA latinoamericana y caribeña “aún está en vías de constituirse”, pues las comunidades intelectuales del medio académico latinoamericano y caribeño están dispersas y desconectadas (Castro, 2005, § 14, 19, 26; Palacio, 2012a, p. 739; Palacio, 2012b, p. 164),4 tal como sucede entre los historiadores ambientales brasileños y los del resto de países de nuestra América.

La tradición de la HA brasileña es robusta (Palacio, 2012b, p. 164). Es una história ambiental que consiste en una “ampliación de la perspectiva de la historia” (Martinez, 2003, p. 221) ambiental de tan alta importancia que podría ofrecer a la HA que se hace fuera de Brasil más de lo que recibe (Martinez, 2005, p. 34).

Así, el presente texto pretende sintetizar5 algunas aportaciones teóricas contenidas en artículos de una muestra de destacados historiadores ambientales brasileños, entre los cuales están Regina Horta Duarte (licenciada en Historia por la Universidad Federal de Minas Gerais, maestra y doctora en Historia por la Universidad Estadual de Campinas), Arthur Soffiati (licenciado en Historia por la Facultade de Filosofia de Campos, maestro en Historia por la Universidade Federal do Rio de Janeiro, doctor en Historia Social por la Universidade Federal do Rio de Janeiro), José Augusto Drummond (licenciado en Ciencias Sociales por la Universidade Federal Fluminense, maestro en Ciencia Ambiental por The Evergreen State College y doctor en Recursos de la Tierra por la University of Wisconsin), José Augusto Pádua (licenciado en Historia por la Pontifícia Universidade Católica do Rio de Janeiro, maestro y doctor en Ciencia Política por el Instituto Universitário de Pesquisas do Rio de Janeiro, posdoctorado en Historia por la University of Oxford), Héctor Alimonda (licenciado en Sociología por la Universidad de Buenos Aires, maestro en Ciencias Sociales por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, sede Argentina, doctor en Ciencia Política por la Universidade de São Paulo, posdoctorado en Cultura y Política en América Latina en El Colegio de México), Ely Bergo de Carvalho (licenciado en Historia por la Universidade Estadual de Maringá, maestro y doctor en Historia por la Universidade Federal de Santa Catarina, posdoctorado en la University of California), Marcos Gerhardt (licenciado y especialista en Historia por la Universidade Regional do Noroeste do Estado do Rio Grande do Sul, maestro en Historia por la Universidade Estadual de Londrina, doctor en Historia por la Universidade Federal de Santa Catarina), Eunice Sueli Nodari (licenciada en Historia por la Universidade de Passo Fundo, maestra en Historia por la University of California-Davis, doctora en Historia por la Pontifícia Universidade Católica do Rio Grande do Sul, posdoctorado en la Stanford University y en la Universidade Federal de Minas Gerais) y Paulo Henrique Martinez (licenciado en Historia y doctor en Historia Social por la Universidade de São Paulo, posdoctorado en el Museu Paulista da Universidade de São Paulo y en la Universidade Federal de Minas Gerais),6 cuyas aportaciones muestran lo contrario a lo planteado por Eric Van Young (2010, p. 160): en Brasil “el campo de la historia medioambiental [sic] se ha desarrollado como podría haberse esperado, dado el relativamente temprano éxito en esta vena del estudio de Dean” de 1987.7

La síntesis de algunas de las aportaciones de estos historiadores ambientales responde a varias necesidades: una es aumentar el diálogo entre los historiadores latinoamericanos y caribeños, en específico entre los colectivos de historiadores hispanohablantes y los brasileños. En segundo lugar, aunque los autores brasileños aquí revisados también se basan en historiadores ambientales angloamericanos, han generado su propia riqueza, irreductible a la HA estadounidense y británica. Además, estos autores han reflexionado desde hace algunas décadas sobre temas que surgieron hace poco en español o que apenas están surgiendo, por lo que existe un bagaje amplio de temas que habríamos de revisar para consolidar esta nueva disciplina. Desafortunadamente, en este texto no es posible abarcar todos, ni siquiera muchos; así que nos concentraremos en temas fundamentales para la HA: naturaleza, sociedad, ambiente y la definición misma de HA y su caracterización. La síntesis que se hace de los autores retomados para tratar estos temas no es directa, sino que, mediante una síntesis crítica, se vinculan las posturas y afirmaciones de estos autores buscando disminuir las tensiones epistemológicas que existirían en una síntesis acrítica.8

Esto implica que en la mayoría de los casos se seleccionaron las ideas consilientes, lo cual significa que no todos los autores brasileños muestran necesariamente los mismos posicionamientos aquí realzados. Sin embargo, los planteamientos destacados se seleccionaron para tomar postura con respecto de algunas discusiones que hay en la historia ambiental hispanoamericana. Así, el historiador ambiental encontrará varias similitudes con lo que ha leído en español e inglés, pero notará que hay planteamientos más profundos o que permiten generar matices difíciles de encontrar en las lecturas acostumbradas. En general, el texto pretende colaborar en la disminución del aislamiento de la HA latinoamericana y caribeña de sí misma y en la generación de un mayor y más organizado diálogo intralatinoamericano y caribeño al destacar la historia ambiental brasileña como un referente obligatorio que debe ser considerado por el historiador ambiental del resto de Latinoamérica y el Caribe.9

La Comisión Gulbenkian ya había propuesto, en Abrir las ciencias sociales, una interacción mundial real entre los académicos, y no una cortesía que encubra la imposición de las opiniones de un segmento de una clase, una nación o una matriz disciplinaria (Wallerstein, 2006; Morales Jasso, 2014, p. 29). Este trabajo también busca colaborar con lo anterior; por lo mismo, esta síntesis en español de história ambiental es principalmente una invitación a leer en su idioma original a los autores consultados. Pues este esfuerzo parece ser más realizado entre historiadores ambientales brasileños, quienes leen y citan textos en español con frecuencia.

Por lo tanto, este texto es el resultado de la lectura de historiadores ambientales brasileños por parte de un historiador ambiental mexicano.10 Además, este artículo, tal como los textos en los que se basa, está dirigido principalmente a historiadores ambientales, aunque también tiene el objetivo de “convencer a algunos historiadores y otros científicos sociales a incorporar variables ambientales a sus estudios sobre la sociedad humana” (Drummond 1991, p. 1), pues ofrece una pequeña muestra de que “la temática ambiental no es externa al campo de intereses de la historiografía” (Martinez, 2003, p. 221).

A pesar de que la historia ha sido tradicionalmente una disciplina que se ha centrado en el ser humano en el tiempo, de modo que la naturaleza pareciera que está fuera de sus objetivos (Soffiati, 2013a; Carvalho, 2011, pp. 2, 6), nos hemos dado cuenta de que “las cuestiones ambientales afectan directamente la calidad de vida de la población y componen un elenco de problemas y situaciones con enorme potencial para la comprensión crítica de la sociedad” (Martinez, 2004, p. 238). Lo cual tiene sentido para toda población que es afectada por problemas ambientales y que han planteado demandas sociales respecto de la contaminación del aire, suelo o agua, por alteración del clima o amenazas a la biodiversidad (Martinez, 2009, 937).

Así, en este texto, el recorrido por las aportaciones de estos autores inicia con algunas colaboraciones teóricas que la historia ambiental brasileña (HAB) ofrece a quien desee aventurarse en su lectura. Al respecto, privilegiaré cuestiones centrales, pero a la vez controversiales, de la historia ambiental, al integrar las reflexiones que destacan las particularidades y las diferencias con respecto de la historia social. Posteriormente, como han sido distintos los temas que han tocado los historiadores ambientales brasileños, se seleccionaron temas controversiales que también se están discutiendo en Hispanoamérica.11

Se inicia con el planteamiento de los conceptos ambiente, sociedad y naturaleza como una crítica al dualismo, y se explica cómo las formulaciones que se han hecho desde Brasil pueden, al integrarse a las reflexiones, resolver algunas tensiones que aún existen en la HA realizada en Hispanoamérica. En seguida, se aborda la tensión interdisciplina/transdisciplina/subdisciplina, para luego abordar la HA y la tensión anterior derivada del dualismo, para luego entender la HA como el resultado de una ruptura epistemológica que puede conllevar el germen de una revolución científica de rompimiento con el dualismo.

Naturaleza no antrópica, antroposociedad y ambiente

El dualismo en el que se basan las ciencias sociales “es una realización analítica casi utópica” (Pádua, 2010, p. 92), del que se sigue que “las sociedades humanas estaban [y están] fuera o encima de la ‘historia natural’ o del ‘tiempo geológico’” (Drummond, 1991, p. 2). El dualismo hace una separación abstracta entre la naturaleza y la sociedad, que opone al ser humano a su mundo y sus semejantes como entorno. Luego, este distanciamiento entre sociedad y naturaleza aumentó con la especialización disciplinar realizada en el siglo XIX (Martinez, 2003, p. 219). Es así que, con todo y las dudas de Duarte acerca de la transdisciplinariedad de la historia ambiental, ella misma reconoce que si bien hay diferencias entre naturaleza y cultura, existe continuidad “entre el hombre y la naturaleza” (Duarte, 2009, p. 938). Lo que inequívocamente genera un rompimiento entre la historia social y la HA que extranjeriza a los cultivadores de esta última con respecto de los cultivadores de la primera, pues la historia ambiental, al colocar la historia en la naturaleza y la naturaleza en la historia, “no necesita ni recomienda lo exclusivamente culturalista” para estudiar a la cultura (Soffiati, 2013a).

La dicotomía naturaleza-cultura “perjudica no sólo la comprensión de lo social”, sino asimismo del “medio natural” (Carvalho, 2004 p. 106); así, en la historia ambiental, el “entorno” ya no puede ser “simplemente el condicionador de los acontecimientos, sino que también los hace posibles y los potencializa” (Lopes, 2010, p. 491). No solo esto, sino además la misma distinción arbitraria entre “medio natural” y “medio social” tendría que ser abandonada para adoptar un continuum, como defiende Francisco Carlos Teixera da Silva, pues incluso cuando es preciso distinguir hay que darnos cuenta de que ya es imposible seguir aislando lo natural de lo social (cit. en Carvalho 2004, pp. 106, 107, 108).

Soffiati (VITAS, 2012, pp. 3, 8; Carvalho, 2007, p. 8) se atrevió a decir y a escribir que los ecosistemas, que son parte de “la naturaleza no humana”, son también sujetos de la historia, que se comportan como agentes, y no como paisajes inertes. Alimonda (2011, p. 2) cita la idea de William Cronon de que “la naturaleza es coautora de nuestras historias”. Por su parte, Pádua (2010, pp. 86, 87, 92, 97) menciona que la HA plantea que “la naturaleza no humana” es también sujeto de la historia. Por lo tanto, siguiendo aún con Pádua, los historiadores ambientales, tendrían el desafío “de buscar formas menos dualistas de estudio de las relaciones entre cultura y naturaleza”, “de superar las divisiones rígidas y dualistas entre naturaleza y sociedad, en favor de una lectura dinámica e integrativa, fundada en la observación del mundo que se construyó en el río del tiempo”. Lo que implicaría repensar tanto la naturaleza como la sociedad, pues la definición de naturaleza que sintetizó Aristóteles combina “simplicidad y poder conceptual”, pero está “fundada en un fuerte dualismo”. En general, la concepción de naturaleza se concibió como opuesta al arte, al orden social, a la técnica y al espíritu (Pádua, 2010, pp. 86, 87), es decir, todo lo que no es ni humano ni social. De allí que existan concepciones sobre la historia que se construyen a partir de una disyunción entre historia y naturaleza, las cuales generan una historia que es escrita como si la humanidad existiese aparte de la naturaleza (Carvalho, 2002, p. 172).

Como resultado, hay quienes entienden que el tiempo previo a la existencia del hombre es el tiempo “antes de la historia”, en el cual la naturaleza no sufría la influencia humana. Luego, en el comienzo de los tiempos históricos, cada grupo cultural “construía su espacio de vida con las técnicas que inventaba para hacerse llegar en su pedazo de Naturaleza de los elementos indispensables para su propia sobrevivencia”. Esta perspectiva hace de la naturaleza un afuera opuesto a lo histórico, a lo social y a lo cultural, de modo que hasta cuando los homo dejaron de ser naturaleza y se volvieron seres culturales domesticaron la naturaleza. Ya domesticada, esta sería leída como una entidad sobrenatural, tal como la humanidad, excepto aquellos humanos pensados sin cultura, los cuales se concebían aún como demasiado cerca de la naturaleza (Santos, 1992, pp. 96-98; Santos, 2009, pp. 213-224). En el mundo humano de cambio continuo, la naturaleza se pensaba como inmutable, pero los nuevos conocimientos sobre la naturaleza surgidos de la biología misma han mostrado que la naturaleza no es inerte (Soffiati, 2013b), que la naturaleza y la sociedad, en realidad, no han estado separadas, más que en los análisis humanos; que en realidad la naturaleza no es solo el afuera de lo social, sino además que la sociedad está formada por individuos que son ellos mismos también naturaleza (Carvalho, 2010, p. 4; Duarte, 2005, p. 930; Duarte, 2013, p. 8). Lo que significaría una ruptura epistemológica que obligaría a concluir no solo que “la historia del hombre sobre la tierra es la historia de una ruptura progresiva entre el hombre y el entorno”, sino también que la humanidad es un “factor geológico, geomorfológico, climático” que transforma la naturaleza continua y acumulativamente debido al modelo de vida que ha adoptado (Santos, 1992, pp. 96, 97), así como que la naturaleza es agente activo de la historia humana (Carvalho, 2002, p. 173; Gerhardt y Nodari, 2016, p. 60).12

Pero, sobre todo, esta ruptura epistemológica significaría que para que el historiador ambiental pueda lidiar con la naturaleza tiene que comprender y explicar la naturaleza desde las diversas concepciones que hay sobre esta, ya sea que la ligue a lo ecológico, a la Madre Tierra o alguna otra metafísica (Martinez, 2005, p. 32; Duarte, 2013, p. 7), sin exceptuar, por ejemplo, esa concepción universal, compleja y diversa que comprende fenómenos que van desde “el Big Bang al gato de la casa” (Pádua, 2010, p. 86),13 pasando por los átomos, las células, los órganos que conforman el cuerpo humano, así como por la sinapsis que permite el pensamiento, el recuerdo y la reflexión. Como resultado, la naturaleza no sería solo el continente de lo social, sino que sería “continente y contenido” de lo social (Santos, 1992, p. 95). De modo que, si quisiéramos referirnos de forma menos dualista a la naturaleza que comúnmente hemos conocido como tal, podríamos llamarla naturaleza no antrópica o “naturaleza no humana” (Soffiati, 2013a; Carvalho, 2002, p. 173), lo que implícitamente requiere aceptar la existencia de una naturaleza humana.

Si el postulado anterior diluye el dualismo naturaleza-sociedad, lo que viene a continuación asesta otro duro golpe a tal dualismo. José Augusto Drummond (1991, p. 2) habla de las “sociedades humanas”, lo que a primera vista parece una redundancia, pero Ely Bergo de Carvalho (2007, pp. 5, 6; 2010, p. 5) y Arthur Soffiati (2013a; VITAS, 2012, pp. 2, 3) también se refieren a la “antroposociedad”. Si bien, en los textos citados, Soffiati y Carvalho no explican esta palabra, esta es retomada de la lectura de Edgar Morin, a quien también citan. Asimismo, se entiende el uso de “antroposociedad” tras el reconocimiento que hace José Augusto Pádua (2005, p. 61) de la transición de una ética antropocéntrica a una que ve el valor intrínseco de la naturaleza no antrópica, lo cual critica el instrumentalismo moderno y las bases disyuntivistas de este, ya que, si se precisa dominar la naturaleza, es necesario estar fuera de ella o, al menos, pensarse fuera de ella. Por lo que la defensa del mundo natural requiere una ética postantropocéntrica que llame la atención sobre la interdependencia humana con otras formas de vida.

Así, el énfasis que hacen estos autores no es redundante, sino que es el resultado de un quiebre epistemológico que acepta la existencia de sociedades no humanas. De esta manera, los conceptos de “naturaleza no humana” y “antroposociedad” aúnan congruencia a la HA y su denuncia de que la humanidad no es extranatural al integrar renovadas categorías para criticar como un absurdo la separación analítica entre naturaleza y humanidad y al integrar categorías consistentes con tal denuncia. En síntesis, la HA contribuye a superar “la dualidad seres humanos/naturaleza” (Lopes, 2010, pp. 490, 494) al poner el acento en el desafío de pensar al hombre en la totalidad, que incluye lo biológico y su emergencia sociocultural (Pádua, 2010, pp. 91, 92).

Como se ve arriba, la HAB transforma el significado de naturaleza y sociedad como categoría de análisis, aun cuando para las sociedades estudiadas tenga, como concepto, otro significado, pero ¿qué pasa con ambiente? Este es un término de uso reciente, así como el de ecosistema, lo cual no imposibilita al historiador utilizarlo para referirse a tiempos pasados. José Augusto Padúa (2010, p. 96) explica que, en efecto, “se pueden usar estas categorías con el debido cuidado para pensar la existencia de sociedades pretéritas”. Pero ¿en qué sentido habríamos de entender ambiente?, ¿ligado a la dualidad antroposociedad-medio, en la que ambiente sería el afuera de lo antroposocial, de modo que superamos un dualismo para caer en otro?, o, como lo plantea Carvalho (2002, p. 170), ¿habríamos de entender que lo antroposocial es parte de lo ambiental? En realidad, si afirmamos lo último, estaríamos siendo congruentes con las rupturas epistemológicas que la HA ha desarrollado en oposición al dualismo. Si hay un continuum y los seres humanos son parte de la naturaleza, ¿cómo se delimita la historia ambiental? Lo anteriormente dicho implicaría que la HA no busca entender la historia con el ser humano como un único actor, sino que se dedica a estudiar la historia de la interrelación entre la naturaleza no humana y la antroposociedad; en síntesis, estudia la historia del ambiente, pero ya no como medio, lo que sería simplista y dualista (Carvalho, 2004, pp. 106, 107, 108, 114).

Pero, entonces, ¿por qué se usa socioambiental y no solo ambiental? Porque, de ordinario, quienes abordan la temática ambiental son los biólogos, químicos y geógrafos, ante quienes los historiadores podemos transformar su concepción a la de un planteamiento “socioambiental”, es decir, incluir a la antroposociedad en el estudio ambiental. Sin embargo, esta perspectiva, si bien intenta mejorar los estudios ambientales al incluir en ellos lo social, pareciera que crea un nuevo dualismo entre los estudios ambientales propios de las ciencias naturales (incluida la geografía física) y los estudios socioambientales propios de las ciencias sociales. No solo “en la óptica de la historia y de la geografía, los problemas ambientales son también sociales”, dicen Marcos Gerhardt y Eunice Sueli Nodari (2010, pp. 58, 61, 62, 67, 71), sino que el planteamiento de lo ambiental desde las ciencias naturales es incompleto, tal como es incompleto abordar lo ambiental desde las ciencias sociales y las humanidades. Ambas perspectivas aisladas pueden generar visiones parciales e inconsistentes de la realidad y la problemática ambiental. Así que definir la HA como la historia “del papel de la naturaleza en la vida humana” sería un enfoque parcial. Es necesario unir a esta definición la del papel de la vida humana en la naturaleza no humana. Como consecuencia del planteamiento de este y los párrafos anteriores, tiene sentido decir que el modo de abordar lo ambiental tiene que ser natural no antrópico/antroposocial, si no estaría sesgado.14 Ambiental significaría el rechazo del dualismo entre cultura y naturaleza, pues, por ejemplo, con el sintagma patrimonio ambiental y con el concepto ambiente, Marcos Gerhardt y Eunice Sueli Nodari (2016, pp. 56, 60, 61, 65) superan la dicotomía entre cultura y naturaleza, ya que este los conjuga a ambos. Después de todo, las plantas y los animales con los que estamos más familiarizados han sido domesticados, así que la biodiversidad, sea producida por la naturaleza o la humanidad, es parte del patrimonio ambiental. Así, cultura y naturaleza son “dos fases de la misma realidad”: la ambiental.15 Y, de este modo, sería posible retomar la definición de Alimonda (2011, p. 4) de la historia ambiental como “el estudio de las interacciones entre sociedades humanas y el medio natural a lo largo del tiempo, y de las consecuencias que de ellas se derivan para ambos, incluyendo las interacciones naturales mediadas por los humanos, y las interacciones humanas mediadas por la naturaleza”, y sustituir “el medio natural”, que asume la existencia de uno no natural, por “la naturaleza no humana”.

Claro está que todos estos cambios conceptuales envuelven un peligro constante que, para Regina Horta Duarte (2013, p. 8), habría de ser evitado, el de “tornarnos extranjeros en nuestra propia disciplina”. Pero esa condición de extranjero ¿es necesariamente algo que temer?16 A continuación trataré de responder esta pregunta mediante el cuestionamiento acerca de si la HA es subdisciplinar, interdisciplinar y/o transdisciplinar.

¿Interdisciplina, transdisciplina? ¿La historia ambiental es historia social?

La pregunta que sintetizaría el interés por este subtema es: ¿la HA es parte de la historia social o es un tipo de historia que se nutre de esta pero que tiene un campo de estudio aparte? Para una primera aproximación, comencemos por comparar la HA y la historia social. La HA denuncia “la ausencia de la dimensión biofísica en buena parte de la historiografía contemporánea”; así que sin el diálogo que sostiene con las ciencias naturales, la HA sería “inviable” (Pádua, 2010, p. 91, 95; Carvalho, 2004, p. 107). En consecuencia, la HA incorpora en el estudio de las sociedades “las variables ambientales” (Lopes, 2010, p. 484) que la historia y las ciencias sociales no habían integrado o habían integrado poco. La razón por la que las ciencias sociales no incluyen el ambiente de ordinario está en su raison d’être: la concepción moderna que disyunta la naturaleza tanto de la historia como de la cultura (Carvalho, 2010, p. 10). Esto se ejemplifica con la premisa de Durkheim (Carvalho, 2002, p. 167; Drummond, 1991, p. 3; Froehlich, 2000, p. 2) de que los hechos sociales solo pueden ser explicados por otros hechos sociales, premisa dualista con la que la HA rompe. De modo que, a pesar de su apropiación de conceptos propios de la historia social y la historia cultural, se vuelve crítica de los presupuestos dualistas de ambas y más incluyente de tales formas de hacer historia (Lopes, 2010, pp. 490, 491).

La HA se vuelve tan incluyente que le es central definir los puntos de contacto con otras disciplinas. La interrelación entre antroposociedad y naturaleza no antrópica requiere de saberes y conocimientos que no existen de ordinario en la historiografía, pero sí en otras disciplinas (Carvalho, 2002, pp. 172, 178). La HA tiene la necesidad de crear lazos de interdependencia con disciplinas tanto de las ciencias sociales como de las ciencias naturales (Solórzano et al., 2009, p. 51; Lopes, 2010, p. 483), porque el ambiente es inabarcable en los mundos dualistas de las ciencias sociales y naturales, pero reunirlas no dualistamente permite abordarlo.

Los historiadores ambientales brasileños destacan, por ejemplo, la lectura de obras de geografía,17 humana, histórica, económica o cultural (Drummond, 1991, p. 8; Solórzano et al., 2009, p. 63; Soffiati, 2013a), pues reconocen que el tema central de la historia ambiental, la relación sociedad-naturaleza, ya ha sido estudiada por geógrafos antes de la sistematización de la HA (Solórzano et al., 2009, p. 52). También vinculan su disciplina con la agroecología y la ecología política (Alimonda, 2004).

Pero ¿cómo deben establecerse estos diálogos entre disciplinas? La revista VITAS. Visões Transdisciplinares sobre Ambiente e Sociedade puede ayudar a responder esta pregunta, debido a su interés en definir la práctica de la investigación ambiental ligada a la teoría de la transdisciplina e interdisciplina. Los editores de la revista subrayan que Naomar de Almeida Filho distingue entre inter y transdisciplina, pero no tienen convicción de las diferencias entre estas. Del mismo modo, reconocen que Edgar Morin no detalló cómo practicar metodológicamente la transdisciplinariedad, por lo que se preguntan si se da por yuxtaposición (“diferentes especialistas suman cada cual un ítem a un proyecto o investigación”), por aprendizaje mutuo (“cada quien enseña/aprende las teorías y el vocabulario de otro”) o por la construcción de una nueva mirada compleja (cuya definición buscan) (Vitas, 2012, pp. 1, 2, 5; VITAS, 2013).

Ante estas alternativas de significado, Carlos Machado de Freitas considera que es más fácil encontrar en la práctica la yuxtaposición que el aprendizaje mutuo, que es un proceso lento; pero es aún más complicado de lograr la mirada compleja, que es un desafío que afrontar (VITAS, 2012, p. 6). Arthur Soffiati lo tiene más claro que la revista. Para él, tanto la interdisciplina como la transdisciplina requieren “romper las barreras del conocimiento especializado”. Considera que no se precisa necesariamente múltiples formaciones, pues él mismo se hizo autodidacta en las disciplinas con las que buscó complementar la historia (VITAS, 2012, p. 4). Para Soffiati (2013b), la manera de abordar la HA debe ser “más transdisciplinar que multidisciplinar o interdisciplinar”. Según Soffiati (VITAS, 2012, pp. 8, 9), toda cuestión ambiental debe ser planteada transdisciplinariamente, sin reduccionismos. Esta postura muestra la complejidad de la historia ambiental, pero explica la condición de extranjero que prevé y teme Duarte (2013). Condición de extranjero que obtuvo Soffiati ante otros historiadores por su no ortodoxia historiográfica, así como por no restringirse a evidencias producidas por seres humanos, sino por incluir evidencias ecosistémicas en la investigación histórica, ya que se sitúa en una región de frontera, pues este historiador no produce conocimiento de geología o biología, pero se basa en estas para historiar. Como resultado, no solo su concepción de historia se vio ampliada; su mirada histórica herética hace que los historiadores no lo reconozcan como uno de ellos. Bourdieu ya había advertido sobre las miradas disciplinarias doctrinarias que rechazan las miradas heréticas,18 y, de acuerdo con él, Soffiati considera que esta heterodoxia debe ser estimulada. Congruente con esto, su experiencia de investigación busca posibilitar un diálogo horizontal con otras disciplinas y personas, propiciado por una apertura que busca la comprensión de las otras posturas como un principio que forme la práctica diaria (VITAS, 2012, pp. 3, 4, 6, 7).

La práctica de la historia ambiental requiere datos, métodos y teorías de la historia social, pero desde un aprendizaje crítico que sea complementado y discutido mediante otras disciplinas. Por eso, tenemos la alternativa de emular el proceder de Soffiati (VITAS, 2012, pp. 5, 7), cuya experiencia lo hace colocarse siempre como estudiante, y que cuando llega a procesar tanta información que cree dominar el conocimiento ambiental, busca encontrar aspectos que aún desconoce. La complejidad de lo ambiental amerita una actitud como esta, así como más discusiones al respecto. Lo que por ahora podríamos tener claro es que la HA, tiene varias características que la distinguen de la historia social y que la enfrentan al debate, aun no finalizado, entre interdisciplinariedad y transdisciplinariedad, así como a la posibilidad de encontrarse ante la creación de un nuevo paradigma en historia.

Historia ambiental, un paradigma de la complejidad

Definir algunas formas de abordar de los historiadores ambientales es un paso para la elaboración de un “programa de trabajo de Historia Ambiental” (Martinez, 2005, p. 29). Por eso, en este subtema se sintetizan algunos elementos teóricos de la HAB que pueden ser tomados como una propuesta de configuración de una matriz disciplinar.

Carvalho (2002, p. 176; 2010, pp. 1, 2) se basa en el primer Thomas Kuhn de la Estructura de las revoluciones científicas (aquel previo a su “Anexo” en el que corrigió su vocabulario en cuanto al paradigma). De modo que, en este subtema, por paradigma se debe entender “matriz disciplinaria”. Sostiene que el paradigma cartesiano se fundó sobre el principio de reducción y disyunción, lo que separa naturaleza y cultura, así como sujeto y objeto. Por su parte, el modelo mecanicista tiene como presupuesto que la realidad es simple, objetiva, jerárquica y controlable. Pero la unión de dualismo y mecanicismo no es la única forma de abordar la realidad.

La HA acude a otro enfoque, uno que no se conforma con modelos monocausales de la antroposociedad y de la naturaleza no antrópica (Pádua, 2010, p. 93), y que, como ya vimos, se opone al dualismo. Al oponerse a la matriz disciplinaria moderna, la HA es fruto y parte de una transición paradigmática (Carvalho, 2002, p. 177). Pádua (2010, p. 83), en un muy recomendable artículo teórico, identifica tres cambios epistemológicos que ya estaban en gestación anteriormente, pero se consolidaron en el siglo XX: 1) “la idea de que la acción humana puede producir un impacto relevante sobre el mundo natural”; 2) “la revolución en los marcos cronológicos de comprensión del mundo”, y 3) la visión de la naturaleza como una historia, como un proceso de construcción y reconstrucción a lo largo del tiempo.

Claramente, la HA se nutre de lo anterior, y su existencia misma da prueba de tales cambios epistemológicos. Esto apoya el argumento de que la condición de extranjero sería deseable, en tanto que encontrara isomorfismos en la condición de extranjero que tuvieron los astrónomos heliocéntricos respecto de los geocéntricos o, bien, los físicos relativistas con respecto de los físicos clásicos, pues esta condición es parte fundamental del cambio de paradigmas. De modo que si la HA tiene su origen ligado a las ciencias sociales (Solórzano et al., 2009, p. 50), hay características que, como se desprende de lo anterior, la HA ya no puede compartir con estas. Si la historia, como otras disciplinas, es hija de la especialización y el análisis, la historia ambiental, hija también de la historia, lo es también de la necesidad y urgencia de la reunión de saberes y, con esto, de la síntesis (Duarte, 2009, p. 936).

La HA responde a tal interés porque es una disciplina de síntesis que se opone a la disyunción, a la reducción y al mecanicismo (Drummond, 1991, p. 8; Duarte, 2009, p. 931). Es una síntesis que se cuida de no ofrecer “soluciones demasiado simples para un mundo tan complejo como el actual” (Martinez, 2005, p. 30). Ofrece, más bien, una síntesis compleja que explora las porosidades entre disciplinas que antes sufrían una disyunción (biología e historia, por ejemplo), lo que permite aumentar la comprensión de la complejidad del mundo (Duarte, 2009, p. 930). Otro punto de partida que el historiador ambiental ha de tomar en cuenta es la apelación a exponentes de la teoría de la complejidad como, por ejemplo, Morin,19 así como al epistemólogo ambiental Enrique Leff (Soffiati, 2013a), cibernéticos como los chilenos Humberto Maturana y Francisco Varela20 y, por ejemplo, su libro The tree of knowledge, en el que hablan de la ecología de la autoorganización (Pádua, 2010, p. 93).

De este modo, la HA dialoga con las ciencias naturales, pero ahora el historiador está más atento a los posibles determinismos, sean naturales, tecnológicos o geográficos, y huye de estos, pero, dice Drummond, se rehúsa “a ignorar la influencia de los cuadros naturales en la historia y la cultura de las sociedades humanas. Como dice Worster, no podemos darnos más el lujo de esa inocencia.” El contexto de la relación historia-ciencias naturales es diferente al de tal diálogo cuando resultaba en determinismos (Drummond, 1991, p. 6; Pádua, 1991, p. 90).

Lograr un diálogo con la biología contemporánea permitirá al historiador superar preconcepciones anacrónicas y deterministas sobre el evolucionismo, la biología y la ciencia. Esto coadyuvará a superar “el profundo antropocentrismo de nuestra cultura”, ya que hará evidente que el hombre no vive aislado, sino inserto en la naturaleza (Duarte, 2009, pp. 937, 938). No solo se generará un beneficio para la historia; según Duarte (2009, p. 935), la historia puede ofrecer a la biología la crítica de los hechos puros al proponer que los hechos tienen sentido solo a la luz de una teoría. Los biólogos también pueden beneficiarse del trabajo de los historiadores, porque estos tienen experiencia en el afrontamiento de los límites de sus discursos, la historicidad de la historia misma y la crítica del anacronismo, y porque los historiadores perciben las relaciones entre el saber que producen y los dilemas de su propio tiempo. Este acercamiento no solo es posible en un futuro; ya ha sido realizado y ya ha influido de manera positiva en la biología. Duarte indica, por ejemplo, que Ernst Mayr citó a Edward Hallet Carr, para quien la historia se diferencia de otras ciencias en cinco aspectos. De estos cinco, Mayr reconoce tres como propios de la biología: lidia con lo que es único, trata con cuestiones morales y es incapaz de hacer previsiones. Lo que muestra que la biología decimonónica ya fue superada.

Quizá sería momento de superar la historia dualista que considera que solo el hombre tiene historia. Pádua indica que Fernand Braudel ya lo había intentado, pues mientras Lucien Febvre decía “la historia es el hombre”, él decía “la historia es el hombre y todo lo demás. Todo es historia: suelo, clima, movimientos geológicos”. Si seguimos en esto a Braudel, no podremos ignorar el lado biológico de la historia humana. También aceptaríamos, con Emmanuel Le Roy Ladurie, que el clima puede ser estudiado por sí mismo, y no solo en relación con la vida humana, ya que habríamos perdido el miedo a que la HA fuera una reducción de lo histórico a lo biofísico; sabríamos, con Worster, que es más bien una ampliación del análisis histórico (Pádua, 2010, pp. 91, 94, 97).

Lo más congruente sería pensar que esta ampliación, otro síntoma de posible cambio de matriz disciplinaria, implique una ampliación en la metodología, otro síntoma, a su vez, de posible cambio de matriz disciplinaria. La HA conlleva nuevas perspectivas y preguntas, por lo que el historiador ambiental puede acudir a las documentaciones ya revisadas y encontrar datos y procesos que no habían sido identificados (Martinez, 2005, p. 30). Pero lo anterior no comporta un cambio metodológico, sino un uso del mismo proceder de la historia social para la historia ambiental. La ampliación metodológica no solo implica saber identificar qué documentación es más susceptible de contener información relevante para la historia ambiental; Drummond, por ejemplo, muestra qué tipos de documentos podrían servir. Tal ampliación supone la inclusión de la práctica de campo y entrevistas como labor del historiador ambiental (Drummond, 1991, p. 7). Es decir, conlleva un aprendizaje de la geografía y su lectura de paisajes y fenómenos actuales para abducir fenómenos y paisajes pretéritos para compararlos con otros tipos de datos (Solórzano et al., p. 64; Drummond, 2002, p. 23) y así obtener información de los ecosistemas.

Las implicaciones metodológicas de la vinculación de la historia y las ciencias naturales requeridas en la HA van más allá de usar textos básicos y avanzados de ciencias naturales; requieren el estudio de los conceptos de ciencias naturales para encontrar los que ya se han superado o los que son equívocos; también se requiere de la realización de investigación con científicos naturales. Como las ciencias mismas pueden ser objeto de estudio (la construcción del ambiente desde la química decimonónica, por ejemplo), son necesarios métodos, técnicas y conceptos que utiliza la historia de la ciencia. Asimismo, el historiador ambiental podría entrenarse en ecología y ser capaz de distinguir un bosque nativo maduro de uno secundario que surgió del desmonte, un bosque parcialmente cortado de una reforestación, así como ser capaz de identificar plantas introducidas comercialmente (Drummond, 1991, pp. 5, 8). Habría que añadir que la aplicación de métodos y conceptos propios de otras disciplinas no solo fortalece la historia ambiental, sino además genera problemas metodológicos que habrá que afrontar. Sea la HA inter o transdisciplinaria, surgen las siguientes preguntas: ¿requiere de sus propios métodos y conceptos?, ¿son lo métodos y conceptos los que deben definir a la HA o debe hacerlo la entidad o relación que estudia? o ¿ha de ser definida por sus bases teóricas?, ¿será que para definir la HA se requiere relacionar las tres preguntas anteriores? (Solórzano et al., 2009, p. 63). Estas son preguntas teóricas importantes que, de una u otra forma, son sugeridas por los autores citados, autores que no solo han generado aportes teóricos importantes, sino que también apuntan a nuevas preguntas para poder mejorar la calidad de las respuestas.

Conclusiones

A lo largo de este artículo se retoman afirmaciones, argumentos y reflexiones de los historiadores ambientales citados, de modo que se tiene un texto que, como un palimpsesto, conserva huellas de otras escrituras, las cuales fueron rebarajadas y acomodadas en función de un camino que no necesariamente es el de los autores citados. Esto implica que no todos los autores van tan lejos y proponen el cambio de matriz disciplinaria expuesto, pero sus afirmaciones pueden ser vistas como unas de respaldo a este planteamiento. Esto significa que el artículo, en general, en tanto lectura indirecta de las ideas de los autores citados, no sustituye la lectura directa de los mismos autores.

La HAB aporta a la historia ambiental sintagmas como “antroposociedad y naturaleza humana”, que nos instan a complementarlos con el de “naturaleza no antrópica”. Estos sintagmas distinguen sin aislar y permiten una mejor comprensión del concepto ambiente y de la historia ambiental. Claro está, los temas abordados en este artículo son muy pocos en comparación con los que se han abordado en Brasil. La HAB tiene mucho más que aportar si nos interesamos en cruzar la frontera del idioma. Si este texto fuera una degustación de la HAB, hay que imaginar las posibilidades que tendríamos al probar el menú completo y articularlo a nuestro conocimiento de HA.

De modo que este artículo, aunque sugerente para los temas abordados, en general, es un llamado a la traducción de la historiografía brasileña al español, pues los autores aquí citados no son los únicos que existen en Brasil. Las argentinas Leticia Saldi y Lucrecia Wagner (2013, p. 26) destacan a varios de los autores aquí contemplados y, además, llaman la atención sobre el trabajo de Silvio Correa y de Lise Sedrez.

Mirar con más detalle la HA nos permitirá ampliar el número de textos que encontró Guillermo Castro en Hispanoamérica para la década de los noventa, con el objetivo de construir una bibliografía teórica de la historia ambiental latinoamericana con autores brasileños que en tal década ya estaban haciendo trabajos teóricos, como Drummond (1991 ) y Francisco Carlos Texeira da Silva, quien, a decir de Carvalho (2007, p. 4), abordó temas teóricos sobre “Historia de los paisajes” ya en 1997, y Arthur Soffiati, quien en 1999 escribió “La ecohistoria como frontera entre naturaleza y cultura: el caso de los manglares del norte del estado de Río de Janeiro”. Aunque estos tres textos no agotan las contribuciones teóricas tempranas de los brasileños a la historia ambiental. La primera versión de la multicitada base de datos de Lise Sedrez (2004 ) contiene una copiosa bibliografía sobre Brasil que, con otras contribuciones teóricas tempranas, habrían de complementar esta provisoria lista.

Para que los textos brasileños tengan un alcance superior al de su propio país sería necesario traducir al español parte de la HAB; también habríamos de esforzarnos por leerla en su propio idioma, porque aún hay reflexiones teóricas y epistemológicas que hacer para construir la HA Íntegramente desde Latinoamérica y el Caribe (en un diálogo que integre los idiomas que la conforman) sin depender de colonialismos académicos ni reproducir otros. Esto nos impulsaría a estudiar en otros idiomas de Latinoamérica y el Caribe distintos del español y el portugués, así como otros idiomas y países más allá de estos (Palacio, 2012b, 166; Castro, 2005, § 25).

Claro, para hacerlo de una mejor manera habremos de establecer un diálogo cada vez más incluyente y amplio. En vista de tal contexto deseado, la HA no solo debe proponer interdisciplinariedad, sino además interinstitucionalidad, en especial entre académicos de distintos idiomas. La SOLCHA, la revista HALAC y la Escola de Pós-Graduação de la SOLCHA son tres esfuerzos que han tenido éxito en estos sentidos y están aumentando la interacción entre los historiadores ambientales hispanohablantes y los brasileños. Si, fuera de estos, no se implementan esfuerzos similares, desperdiciaremos una experiencia (Santos, 2009, p. 135) rica que, en el caso de la HAB, ya se alcanza a vislumbrar en este artículo, a pesar de que el artículo mismo está muy lejos de agotar tal riqueza.

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Notas

1 Para algunos esta aseveración puede ser muy fuerte, en especial debido a la existencia de líneas de investigación en teoría de la historia, historia intelectual e historiografía. Sin embargo, coincido con Kuhn (1993) en que el historiador tiene una tendencia a lo empírico que hace que el filósofo, con tendencia a lo racional, tenga una visión contrapuesta. De allí que el historiador requiera una conversión gestáltica para acercarse a la reflexión. Hay otros historiadores que coinciden con la observación anterior: John Mc Neill (2003, p. 36), hijo del teórico de la historia William McNeill, presenta una perspectiva similar al decir que “muchos se convierten en historiadores como refugiados de la teoría rigurosa”, de modo que “los historiadores en general son débiles en teoría”. Donald Hughes (2008, pp. 319-321), ya no sobre los historiadores en general, sino sobre los historiadores ambientales en particular, hace un llamado para que investiguen “en mayor medida los aspectos teóricos de su temática”, pues, para él, historiadores ambientales como Carolyn Merchant, Madhav Gandil, Ramachandra Guha y James O’Connor se han mostrado teóricamente sólidos, pero, en general, los historiadores ambientales no escapan a la crítica anterior.

2 Germán Palacio (2012a, 2012b) prefiere adoptar una postura de suma entre latinoamericanos y angloamericanos y no de oposición entre ambos. Si bien aquí ambos son distinguidos, no se pretende excluir la historiografía angloamericana, sino incluir otra afín.

3 “Brasil ha sido, desde la época de Simón Bolívar y las guerras de la independencia, una especie de hijo adoptivo en una “América Latina” cuya imagen es más “española” que portuguesa” (Mignolo, 2007, p. 115).

4 De 2001 para acá, la historia ambiental ya no es tan nueva, pero aún mantiene su dispersión (Palacio. 2012b, pp. 162, 163). Además, siguiendo a Germán Palacio (2012a, 2012b), más que una oposición Latinoamérica-Angloamérica, deberíamos entender la historia ambiental de Estados Unidos con Latinoamérica y la historia latinoamericana con las influencias de Estados Unidos en ésta, con todo y la simplificación que implican las palabras Latinoamérica y Angloamérica que invalidan tales conceptos. No es el objetivo de este artículo dedicar más espacio a esta discusión que está magistralmente desarrollada en los textos de Germán Palacio (2012a, 2012b). No es el único autor que ha trabajado tal tema; aunque lo han abordado más autores, mencionaré dos textos y qué, en síntesis, han discutido. Desde la geografía, lo han hecho Urquijo y Bocco (2016), quienes destacan que hay que repensar qué es lo latinoamericano, pues originalmente es una imposición francesa (como es una imposición estadounidense lo panamericano), luego adoptada por los criollos, porque en territorios latinos hay fuerte presencia de los idiomas francés, inglés y neerlandés, porque hay un alto porcentaje de hablantes de lenguas indígenas, porque en Estados Unidos y Canadá hay presencia latina que resignificó su identidad con base en sus raíces y porque cada país de Latinoamérica tiene sus particularidades. Desde una perspectiva decolonial, lo ha hecho también Walter Mignolo (2007, pp. 15-17, 20, 21, 29, 47, 57, 58, 61-63, 68, 82, 87, 89, 90, 95, 102-105, 109, 112, 114), quien muestra que no hay que dar por sentada la ontología de América Latina ni verla como una entidad geográfica. América Latina tiene cimientos imperialistas y de una colonialidad del poder que le impone denominaciones que excluyen al indio y al afrodescendiente, que cosifican y marginan a los latinoamericanos al volverlos naturaleza, en oposición a la cultura, al volverlos europeos de segunda, en oposición a los europeos, y al volverlos americanos de segunda, en oposición a la América “auténtica”: Estados Unidos. Esta concepción opone como enemigos a la América Latina y a la América Sajona. Por otro lado, el Caribe también ha sido concebido como marginal a América Latina; es, entonces, una concepción política, cultural y un juicio de valor que no carece de ambigüedades, silenciamientos y exclusiones. A lo largo de este artículo se habla de una historia ambiental latinoamericana y caribeña para referirse a nuestra América y para retomar el papel vinculador que ha tenido la SOLCHA y sus simposios, en la cual participan también historiadores españoles y estadounidenses, sean o no latinoamericanistas. La SOLCHA comparte las contradicciones del concepto latinoamericano, criticado por los autores arriba mencionados, pero también la caracteriza una apertura que no existe, por ejemplo, para México, en donde no se ha podido consolidar y hacer operativa la Red Mexicana de Historia Ambiental. No obstante, lo anterior muestra que, a futuro, deberemos decolonizar la SOLCHA y convertirla, quizá, en la Sociedad de Historia Ambiental de Nuestra América.

5 Esto implica que, por cuestión de espacio, se realizará una discusión teórica implícita con la historiografía ambiental escrita en español, pero no será posible una confrontación o comparación explícita, aunque varios de los planteamientos realzados sean compatibles con los de Guillermo Castro, Germán Palacio, Narciso Barrera Bassols, y aunque lo plasmado se oponga a algunas perspectivas sobre la relación de la historia ambiental con la historia social. El presente artículo tampoco pretende ser un estado del arte de la historia ambiental en Brasil ni cumplir con las características de este, el cual es urgente hacer para cada uno de los países de Latinoamérica y el Caribe.

6 Si bien, muchos de los textos de estos autores pueden ser consultados en línea a través de bases de datos, sus textos no se caracterizan por ser citados con la misma frecuencia que textos en internet escritos en inglés y español por autores hispanohablantes y anglohablantes. Muestra de la marginalidad de estos autores en la historia ambiental mexicana es que, en julio de 2017, se buscó en los catálogos en línea de las bibliotecas de cuatro universidades mexicanas que se destacan por su enseñanza e investigación en historia ambiental en licenciatura y posgrado (Universidad Nacional Autónoma de México, Universidad Autónoma de Baja California Sur, Universidad Autónoma de San Luis Potosí y Universidad Autónoma de Zacatecas) los nombres de los historiadores brasileños mencionados en este párrafo, y solo aparecieron Soffiati, Nodari y Alimonda. El primero solamente en la UNAM, con O jogo das bolinas, un texto de 1977, de tema folclórico; la segunda solo en la UAZ, con un texto que no es de historia ambiental, Luta e resistência: APUFSC 20 anos, y el tercero en la UNAM, con siete distintos textos en español en los que fungía como coordinador o autor de capítulos, y en la UAZ, con dos resultados en español como coordinador. La vinculación de Alimonda con el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales y su disposición de publicar textos en español hacen que se destaque entre los autores mencionados. En cambio, la búsqueda de autores como Guillermo Castro, Donald Worster, Micheline Cariño, William McNeill, William Cronon, Pedro Urquijo, Adrián Zarrilli en las mismas bibliotecas no fue isométrica, sino que generó muchos más resultados.

7 Héctor Alimonda se destaca principalmente como ecólogo político, pero también ha escrito sobre historia ambiental, como se ve en uno de sus artículos citados. También se cita al geógrafo brasileño Milton Santos y al sociólogo portugués Boaventura de Sousa Santos, por dos razones al primero y por una al segundo. La primera, que comparten ambos, es que enriquece y es compatible con lo que proponen los historiadores brasileños citados. La segunda, por la influencia enorme que ha tenido la geografía en la historia ambiental, como de ello dan muestra Aguilar y Contreras (2009, pp. 274, 275) y por la fuerte influencia que ha tenido el propio Milton Santos en la geografía y en las ciencias sociales.

8 Por ejemplo, se evita hablar de medio o medio ambiente, como aún hacen varios de los autores citados.

9 Los historiadores ambientales brasileños son retomados en países como Argentina, pero no es común verlos citados en textos de historiadores ambientales hispanoamericanos, especialmente en portugués.

10 Gracias a la amabilidad de Ely Bergo de Carvalho, Antonio José Alves de Oliveira, José Augusto Drummond y a João Davi Oliveira Minuzzi pude hacerme de una vasta muestra de obras de historia ambiental brasileña (HAB) que rebasan la bibliografía plasmada en este texto.

11 Dedicarse a caracterizar las similitudes y diferencias entre lo planteado en Hispanoamérica y Brasil o mostrar explícitamente las carencias teóricas en la teoría de la historia ambiental escrita en inglés y español que podría llenar la historiografía ambiental brasileña requiere un texto distinto porque constituye un objetivo distinto al del presente artículo, además discusiones teóricas y críticas más explícitas de las carencias de las historiografías ambientales de hispanohablantes y anglohablantes han sido propuestas de manera explícita en otros textos de mi autoría.

12 En Paisagen e Memória, el historiador británico Simon Schama destaca la construcción social de la naturaleza, mientras que Donald Worster destaca que la naturaleza seguirá existiendo aun sin los humanos. Como ejemplo, Marcos Gerhardt y Eunice Sueli Nodari recuerdan que los ecosistemas ya existían antes de la existencia del Homo sapiens (Gerhardt y Nodari, 2010, pp. 62, 63).

13 Soffiati (VITAS, 2012, p. 2) menciona que la cosmología, la geología, la paleontología y la historia tienen en común la dimensión temporal, lo que es compatible con lo planteado por la Big History y las ciencias históricas.

14 Me refiero aquí a la vinculación necesaria entre ciencias sociales, ciencias naturales y humanidades para conformar lo ambiental, tema que no puede ser parte de las ciencias naturales o de las ciencias sociales, sino que estas colaboran en su construcción, cuya autenticidad solo es lograda mediante la superación del dualismo, que a su vez es propio de las mismas ciencias naturales, sociales y de las humanidades.

15 Gilmar Arruda (cit. en Gerhardt y Nodari, 2016, p. 66) compara los patrimonios cultural, histórico, arquitectónico con el ambiental, pues los primeros se circunscriben en general a los límites nacionales, mientras que el último tiende a sobrepasarlos para lograr una protección efectiva.

16 Dice Bergo de Carvalho (2002, p. 179) que “la historia ambiental es un abordaje, no un campo”, aserto que sería apropiado discutir aún más en función de que Soffiati (VITAS, 2012, p. 2) establece que la historia ambiental es un campo de convergencia de conocimientos diversos y de un modo transdisciplinar de abordar.

17 El geógrafo, según Soffiati (2012, p. 5), por su propia formación, “tiene algo de transdisciplinar”. Pero parece “no soportar ese peso de origen. De allí las especializaciones de esta: básicamente existen la geografía física y la geografía humana.”

18 Observación análoga a la que hace Mary Douglas (1973) sobre el peligro de la contaminación y que es aplicable a las disciplinas académicas (Morales, 2015, pp. 75-101).

19 He de añadir que el argentino Carlos Reynoso (2009) enfatiza que Morin no es un punto de llegada debido a las múltiples críticas que hace de su versión de la complejidad. Para una excelente síntesis crítica de la cibernética, la teoría de sistemas y las teorías de la complejidad y el caos, véase Complejidad y Caos una exploración antropológica (Reynoso, 2016).

20 Reynoso (2016, pp. 112-131) también hace una excelente crítica a algunas características de la teoría de la autopoiesis de Maturana y Varela, que habría que tomar en cuenta.



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